Alberto Núñez Feijóo ha modificado su discurso y hace un llamamiento directo a la responsabilidad de VOX, subrayando la necesidad de no decepcionar al electorado.
En su intervención posterior a la Junta Directiva Nacional, el líder popular enfatizó que, aunque PP y VOX no son lo mismo, sí hay «puntos de acuerdo coherentes» en su lucha contra el sanchismo.
«Actuar de manera diferente implica no repetir los errores de 2023 ni bloquear una alternativa», expresó, instando a no desilusionar a quienes votaron por un bloque de derechas que supera el 50% en regiones clave.
Es muy significativo, porque el PP lleva más de dos años instalado en la ficción de que podría gobernar en solitario sin contar con VOX, negándose a resolver de forma clara su relación con el partido que, frente a la degradación provocada por Pedro Sánchez, se presenta como su acompañante inexorable.
Y ahora, con el repliegue sufrido en Aragón y lo sucedido en Extremadura, se ha dado un baño de realidad.
No harán autocrítica pública, pero los populares están obligados a conducirse con una claridad estratégica que lleva demasiado tiempo esquivando.
Esa claridad parece empezar a dibujarse.
Feijóo emplazó ayer a VOX a que entre de nuevo en los Gobiernos autonómicos y se implique en la gestión.
Con ello, el partido de Santiago Abascal asumiría la responsabilidad que el puro grito antisistema le ahorra. Feijóo también afirmó que los límites que le pondrá a VOX son la Constitución y el respeto a las leyes.
Este cambio de enfoque se produce tras los resultados electorales en Extremadura y Aragón, donde María Guardiola y Jorge Azcón lograron triunfos ajustados, mientras que el PP perdió escaños y VOX aumentó su representación.
En Aragón, Azcón sufrió la pérdida de dos diputados y ahora depende de los 14 escaños de Alejandro Nolasco para ser investido; en Extremadura, las negociaciones con VOX se complican debido a sus exigencias de entrar en el Gobierno con competencias reales.
Desde Génova, han comprendido que rechazar a Vox fortalece a la derecha alternativa y debilita al PP, como evidencian las dificultades en Aragón.
VOX eleva sus exigencias en la precampaña
Santiago Abascal dio inicio a la precampaña en Castilla y León, presentando listas en Ávila, con Carlos Pollán como candidato para la Junta. Su mensaje se centró en temas como la corrupción, las infraestructuras hidráulicas para evitar inundaciones y críticas al Gobierno de Pedro Sánchez, al que califica de «mafia corrupta» e «invasión» migratoria.
Frente a las acusaciones de Alfonso Fernández Mañueco, quien habla de una «pinza» entre PSOE y Vox, Abascal respondió: «La única tenaza es la del bipartidismo PP-PSOE». Aseguró que estarán dispuestos a pactar si hay un «cambio de rumbo»: políticas migratorias más restrictivas, rebajas fiscales, reducción del gasto público, menos diputados autonómicos y rechazo al Pacto Verde.
En Aragón, Abascal ofreció su mano a Azcón, pero condicionó el pacto a «modificaciones en las políticas», advirtiendo que si no hay cambios, el PP podría aliarse con el PSOE. VOX exige consejerías relacionadas con inmigración ilegal, «cero adoctrinamiento» en las aulas y bajadas impositivas. En cuanto a Extremadura, consideran poco probable llegar a un acuerdo con Guardiola sin concesiones, lo que obliga a cerrar negociaciones antes del 3 de mayo para evitar una repetición electoral y no afectar los comicios en Andalucía.
Feijóo confía plenamente en sus barones para llevar adelante estas negociaciones, pero les urge actuar rápidamente. Mientras tanto, Azcón ya está trabajando en su investidura «dentro del marco constitucional», mientras que Guardiola se encuentra ante una disyuntiva complicada: aceptar las condiciones impuestas por VOX o enfrentarse a nuevas elecciones. El bloque de derechas ha logrado mayorías absolutas, algo sin precedentes hasta ahora, y el PP no desea dejar pasar esta oportunidad ante lo que ellos consideran un «hundimiento» socialista.
Desafíos inminentes en Castilla y León y Andalucía
Las elecciones del próximo 15 de marzo en Castilla y León serán una nueva prueba. Se prevé que Mañueco necesite llegar a un pacto con VOX, que aspira a competir por la segunda plaza frente al PSOE y aumentar desde sus actuales 13 procuradores. Aunque Abascal reconoce las dificultades para ganar, insiste: «Si quieren cambiar de rumbo, nos encontraremos; si no, tendrán al PSOE». Por su parte, Pollán promete «ciudades seguras» y atraer nuevamente a jóvenes que emigraron debido a las políticas del PP y PSOE.
En cuanto a Andalucía, el tiempo apremia: pactos rápidos son necesarios para evitar interferencias. Se espera que el PP suavice su discurso hacia Vox para no repetir errores pasados como los ocurridos en Aragón, donde el electorado respaldó a Abascal por su rechazo popular hacia un gobierno sin apoyo derechista. Feijóo advierte: «Se respeta lo votado; no se gobierna para una minoría».
Este posible frente común podría acelerar el final del sanchismo; un tic-tac que resuena desde Aragón. La intención de VOX es entrar en ejecutivos autonómicos, tal como pretende Feijóo, canalizando así los votos descontentos.
