Tremebundo.
Pedro Sánchez volvió a perpetrar otra de sus declaraciones institucionales para darse pote y hablar de lo que solo a él le interesa.
Después de provocar al Gobierno de los Estados Unidos negándoles el uso de las bases aéreas de Rota y Morón y que Donald Trump respondiese con la amenaza de romper todo tipo de relaciones con España, el inquilino de La Moncloa decidió regalarse una comparecencia sin preguntas de la prensa.
Lo más surrealista de todo es que el político socialcomunista salió a hablar inicialmente no tanto de Irán, sino de los que pasó hace prácticamente un cuarto de siglo para sacar a relucir los comodines que más le gustan a la izquierda: José María Aznar, George W. Bush y la segunda Guerra del Golfo de 2002.
Comenzó así su alegato:
El pasado sábado, EEUU e Israel atacaron a Irán, que a su vez respondió bombardeando de manera indiscriminada. Quiero expresar la solidaridad del pueblo español a los países atacados ilegalmente por el régimen de Irán. Nadie sabe con certeza qué pasará ahora, ni está claro el objetivo de quienes lanzaron el primer ataque. Tenemos que estar preparados para que sea una guerra larga y con consecuencias graves en términos económicos.
Rápidamente desempolvó la pancarta del ‘No a la Guerra‘ que tantos réditos le dio a la izquierda española hace 25 años:
No a la guerra, así se resumen la posición del Gobierno de España. Hace 23 años, otra administración estadounidense nos arrastró a otra guerra en Oriente Medio. Se hacía para garantizar la seguridad global, pero visto en perspectiva, desencadenó la mayor oleada de inseguridad que sufrió nuestro continente. La guerra de Irak generó un aumento del terrorismo yihadista y de los precios, del coste de la vida. Ese fue el regalo del Trío de las Azores. De la guerra no va a salir un orden internacional más justo, ni salarios más altos, ni un medio ambiente más saludable. Lo que vislumbramos es más incertidumbre económica, subida del precio del petróleo y del gas. Desde España estamos en contra de este desastre, porque los gobiernos estamos aquí para mejorar la vida de la gente.

Para, seguidamente, asegurar que su Gobierno respondería de manera diametralmente opuesta:
El Gobierno de coalición va a hacer lo mismo que en otros conflictos. Estamos asistiendo a los españoles que están en Oriente Medio. Vamos a protegerles y traerles de vuelta. En segundo lugar, el Gobierno estudia escenarios y posibles medidas para ayudar a hogares, empresas, autónomos y así mitigar los impactos de este conflicto. Gracias a la responsabilidad del Gobierno, España cuenta con los recursos necesarios para hacer frente a esta crisis.
Vendió la imagen de un Ejecutivo exigente con el cumplimiento de las resoluciones:
El Gobierno seguirá exigiendo un cese de hostilidades y resolución diplomática de esta guerra. La palabra adecuada es exigir, porque España es miembro pleno de la Unión Europea, la OTAN, y también nos afecta a los europeos. Tenemos que exigir toda la resolución a EEUU, Irán e Israel para que paren antes de que sea demasiado tarde. No se puede responder a una ilegalidad con otra, así es como empiezan los grandes desastres de la humanidad.

Negó, a pesar de las evidencias, su complacencia con el régimen de los ayatolás:
Las potencias involucradas deben cesar las hostilidades y los demás debemos actuar con coherencia, defendiendo los mismos valores que cuando hablamos de Ucrania, Venezuela. La pregunta no es si estamos a favor de los ayatolás, nadie lo está, la pregunta es si estamos del lado de la legalidad y por tanto de la paz. La ciudadanía española siempre repudió la dictadura de Sadam Husein, pero nunca apoyó la guerra. Esta posición no es en absoluta ingenua, es coherente, y no vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo simplemente por el miedo a las represalias. Tenemos una confianza en nuestro país y en momentos como este nos sentimos más orgullosos que nunca de ser españoles
Y terminó sacando su faz más pacifista:
No estamos solos, el Gobierno de España está con quien quiere estar, con los valores que nuestros abuelos fijaron en la Constitución, está con la cara de Naciones Unidas y con la paz. Con muchos otros gobiernos que piensan como nosotros y con los que piden más paz y más prosperidad. Esto nos beneficia a todos.
