José Luis Gómez – A vueltas con España – El engaño de las fusiones


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

En España está en marcha un ambicioso plan de bancarización del sector financiero que tiene varios objetivos. Uno aparente, el más jaleado, que sobre el papel pasa por sanear las entidades, aunque curiosamente nos quieren hacer creer que solo las cajas de ahorros tienen dificultades. ¿Acaso bancos del tamaño del Pastor o Bankinter están mejor que Caixa Galicia o la CAM, por poner un par de ejemplos? Los otros objetivos son menos aparentes pero más reales: desde el Banco de España, con el visto bueno de los dos grandes partidos, quieren cargarse las cajas, salvo aquellas que por su dimensión están fuera de su radar exterminador, casos de La Caixa y Cajamadrid, y pretenden laminar el poder autonómico en el sector financiero, que tiene competencias en materia de cajas. Fruto de esta operación van a caer muchas entidades de ahorro que, por muy denostadas que estén ahora, contribuyeron a levantar España, sin que sus beneficios se los repartiesen los mismos de siempre, como pasa con los resultados de los bancos.

Es justo la operación contraria a la que el hizo el vicepresidente Fuentes Quintana en la Transición, cuando propició que las cajas pudieran competir con los bancos, democratizando el sector financiero e incrementando la competencia. Como sostiene el catedrático de Economía Aplicada Xavier Vence, por la espalda del ruido de «Gürtel» y otras mascaradas que entretienen la ciudadanía con un espectáculo de batalla política entre PSOE y PP, aparentemente sanguinaria, en realidad estamos asistiendo al más grande consenso –«¿o confabulación?», se pregunta este economista– en asuntos que afectan al reparto de la crisis y a la marcha de la sociedad española a medio y largo plazo.

Podemos mirar para otro lado, incluso podemos creernos el engaño masivo al que nos están sometiendo, pero no nos quejemos cuando un día nos demos cuenta de que España ha quedado en manos de cuatro botines. Eso no quiere decir que no haya que buscar soluciones para las cajas de ahorros con problemas, del mismo modo que para los bancos al borde del abismo, que también los hay. Pero una cosa es resolver esos problemas o la excesiva politización de algunas cajas y otra muy distinta es ser papanatas. En Alemania y en otros países tienen cajas regionales y funcionan de maravilla. ¿Sigue siendo España diferente? En su afán por demostrar que las fusiones de cajas son necesarias para que el sistema español funcione de manera más racional, con mayor solvencia, más recursos propios, menos riesgos y, por mucho que nos duela, también con menos empleados, el Banco de España sería más creíble si al menos le aplicase a los bancos las mismas recetas que a las cajas.

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