Cayetano González – Un debate estéril.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Al menos, seguro que lo fue para los casi cuatro millones y medio de parados que no entenderán cómo en una situación de grave crisis económica, que cada uno de ellos vive muy en primera persona, el presidente del Gobierno y el líder de la oposición se dedican a tirarse los trastos a la cabeza, a hacerse una larga lista de reproches para intentar demostrar quién tiene mayor culpa en lo que está pasando. Pero, por otra parte, ese es el juego parlamentario y del debate celebrado el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados. Quien esperara algo más o es un iluso o vive instalado en el buenismo.

La cuestión de fondo no es si el debate estuvo bien o mal planteado por Zapatero y/o por Rajoy. No, lo preocupante es que se puso una vez mas en evidencia que, por una concatenación de hechos y circunstancias, es muy difícil un pacto entre los dos grandes partidos nacionales -que al final representan a más del 80 por ciento de los ciudadanos españoles- para hacer frente a la crisis. Es cierto que Zapatero no ha querido hasta ahora este pacto. Es más, lo ha rechazado hasta en seis ocasiones como muy bien le recordó Rajoy, incluso argumentando que lo imposibilitaba razones de tipo ideológico. Pero es igual de cierto, que el presidente del PP ha llegado a la conclusión que dado el desgaste que está sufriendo el presidente, como se pone de manifiesto encuesta tras encuesta, lo más «inteligente» para ganar las próximas elecciones y llegar a la Moncloa es prolongar esa agonía y dejar que Zapatero se cueza en su propia salsa.

Por lo tanto, la situación no deja de ser endiablada, sobre todo para los ciudadanos de a pié. No parece que el presidente esté dispuesto, como le pidió Rajoy, a rectificar su nefasta y equivocada política económica y si eso es así, no parece que el PP le vaya a dar su apoyo y, por lo tanto, la eficacia de un pacto del Gobierno y del PSOE con las fuerzas minoritarias es absolutamente descriptible.

Lo más lógico y democrático en este escenario sería que se dejara hablar a la ciudadanía y eso implicaría que el presidente, haciendo uso de su prerrogativa constitucional, procediera a adelantar las elecciones generales, que tocarían en la primavera del 2012, para después de este verano. ¿Lo va a hacer Zapatero? No parece, porque ningún político tiene vocación de suicida público, y si en el momento actual todas las encuestas coinciden en señalar que el PP ganaría las elecciones, no es realista pensar que el actual inquilino de la Moncloa se anime a ese adelanto electoral. Pero tampoco el líder de la oposición está decidido a presentar una moción de censura para la que en la actualidad no cuenta con los votos necesarios para que prosperara. Y la petición de Rajoy a la bancada socialista de que le retiraran su apoyo a Zapatero y pusieran a otro presidente parece más bien una mala ocurrencia «a la gallega» que una propuesta con algún tipo de fundamento. En el PSOE, hoy por hoy, Zapatero y Blanco controlan todo. Otra cosa será cuando llegue, si es que llega, la derrota. Entonces veremos cómo salen por la ventana las Pajines y compañía.

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