Antonio Casado – La huelga de Iberia.


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Si alguien pregunta al presidente de Iberia, Antonio Vázquez, por los problemas de la histórica compañía de bandera española, el resumen del resumen es elocuente: el barril de petróleo se ha puesto por encima de los 85 dólares y la economía nacional se ha hundido. Ergo, con el petróleo por encima de 70-80 dólares Iberia no es viable sin una profunda reestructuración. Significa recorte en estas circunstancias. Es decir, perder tamaño, despedir a unos 4.500 trabajadores (la cuarta parte de la plantilla), reducir salarios y cerrar las rutas no rentables. Para la dirección de la compañía, no hay otra alternativa a la salvación de Iberia, que este año lleva un ritmo de pérdidas de casi un millón de euros al día de media (262 millones al cierre del mes de septiembre).

Este plan de viabilidad, aprobado por unanimidad del Consejo de Administración de Iberia, y el de IAG (holding resultante de la fusión con British Airwais), prevé mejorar la cuenta de resultados en 600 millones de euros. Se pasaría de los actuales 300 millones en rojo a 300 millones de beneficios. «Es la rentabilidad mínima para que nos podamos seguir financiando en los mercados», según su consejero delegado, Rafael Sánchez Lozano. No piensan lo mismo los pilotos, los tripulantes de cabina y los trabajadores en tierra, que son los tres niveles laborales básicos de la empresa. La dirección les ha comunicado al mismo tiempo los detalles del plan y una inequívoca voluntad de diálogo. Pero los representantes sindicales, que prefieren un plan para crecer y no para decrecer, han interpretado el plan en clave de «desmantelamiento» y no de «viabilidad».

Los sindicatos se lo han tomado muy mal. Todos ellos menos el SEPLA (pilotos), pendiente de un laudo por otro conflicto (Iberia Express), aunque parece que van a secundar a sus compañeros de los otros dos niveles, han anunciado una huelga de seis días entre las próximas fechas del 14 al 21 de diciembre. Fechas estratégicas donde las haya por el aumento de pasajeros y por ser las de mayor facturación de la compañía. Así que, si no hay acuerdo previo nos encaminamos hacia un nuevo caos en los aeropuertos españoles para las vísperas navideñas.

No es lo que más le conviene en estos momentos a la economía nacional y la imagen de España. El riesgo lo expresa bastante bien el consejero delegado al declarar públicamente que «la huelga de Iberia es como una huelga de hambre: si tiene éxito te mueres». Una forma de decir que en este desafío pierden los trabajadores, la empresa y la marca España. Y, al tiempo, que Iberia no puede ser una excepción en un país marcado por la austeridad y los ajustes en todos los sectores.

Me parece que la dirección de Iberia tendrá dificultades para recordarnos que el mercado del transporte aéreo está liberalizado, pues los componentes emocionales cuentan: el socio británico, la españolidad o la pérdida de destinos en Latinoamérica. Están saliendo a relucir en el debate surgido en torno a la convocatoria de la huelga.

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