Entre Andorra y Gibraltar.- ¿QUEDA TIEMPO PARA SALVAR ESPAÑA?

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“On the Beach”, proyectada en España como “La hora final” es una película sobre los últimos supervivientes de la tierra, que aguardan en Australia la nube radioactiva exterminadora provocada por una guerra nuclear en el hemisferio norte.
Es la historia de las consecuencias de una catástrofe provocada por un error que, al no haberse evitado en su momento, es tan imposible detener como paliar sus efectos.
El plano final de la película es la frase “Todavía estamos a tiempo, hermanos”, mensaje de una pancarta enarbolada por una multitud desesperanzada.
Como exhortación a los que provocaron la guerra es anacrónica porque, cuando la pancarta se hace ondear, ya los había matado su error.
Era una advertencia oportuna a los políticos y científicos de los Estados Unidos y la Unión Soviética que, por el tiempo en que se rodó la película, en 1959, andaban enfrascados en un rearme nuclear que amenazaba provocar una guerra atómica.
Aunque con consecuencias menos irreparables que un conflicto nuclear, se adoptan decisiones precipitadas que sortean problemas inmediatos, sin tener en cuenta sus consecuencias
Me refiero al título octavo de la Constitución española de 1978 y al desarrollo del “café para todos” con que se bautizó el reparto del poder con las autonomías que consagraba.
Si el gobierno no hubiera extendido a 18 la costosa maquinaria política y burocrática, que entonces solo pedían Cataluña y las provincias vascongadas, España podría haber sido un país viable.
Se le planteaba al gobernante de aquél tiempo un dilema: si accediera a que solamente las dos regiones que lo pedían alcanzaran la autonomía, parecería una cesión del gobierno central, forzado por las demandas de Cataluña y el País Vasco.
Pero, si la autonomía se extendiera a todas las regiones, vascos y catalanes serían como todos y no se considerarían diferentes.
Era inevitable que todos los gobiernos autonómicos generarían una casta política propia, usufructuaria de los beneficios del reparto de los presupuestos y de los honores y prebendas consiguientes.
Hasta las regiones que iniciaron a regañadientes el experimento autonómico son ahora partidarias acérrimas de continuarlo y profundizarlo.
Los ha convencido el estimulante sabor de mandar, que antes de entrar en política creían ajeno.
Los efectos de la nube letal del despilfarro español se `pueden paralizar, si se quita el paraguas protector del Estado, en sus mil caras, a todo el que se beneficia de subvenciones y prebendas que hacen poco rentable ganarse la vida a pecho descubierto.
Habría que refundar el Estado, que solo ha renacido de sus cenizas cuando alguna guerra o mutilación territorial ha derribado la forma del Estado moribundo.
Si eso no ocurre pronto, España morirá por la nube nuclear de la fragmentación, la ineficacia, la dirección incompetente, los subsidios y la costumbre de castigar a quienes destacan y premiar a los que se esconden.

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Autor

Miguel Higueras

Miguel Higueras, después de 30 años de informar sin opinar, al periodista Miguel Higueras le ha llegado la hora de la revancha: la de opinar sin informar.

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