Fermín Bocos – Felipe y Rajoy


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

A la hora del gin tonic, la política crea inopinados compañeros de charla. Desde que trascendió que Felipe González había estado en La Moncloa, hablando con Mariano Rajoy, en los mentideros políticos de Madrid no se habla de otra cosa. Durante unas horas los apremios del déficit y la angustia que transmiten quienes están en el secreto de las cuentas del Estado dejaron de ser el sujeto recurrente de todas las tertulias. El morbo del tema es evidente a juzgar por el desconcierto y el cabreo que el mencionado encuentro ha provocado en las filas del PP -entre los seguidores del ex presidente Aznar- y también en las alturas del PSOE por lo que algunos han interpretado como un ninguneo a Alfredo Pérez Rubalcaba.

Tengo para mi que quienes resumen el mencionado encuentro en parámetros políticos convencionales, es porque desconocen en qué longitud de onda se mueve hoy en día Felipe González. Desde hace unos años, Felipe va por libre. Dice lo que piensa y hace lo que quiere porque no tiene ataduras institucionales. Cuando hace unas semanas aceptó la invitación del presidente Monago, (PP) y fue a Extremadura, sus compañeros de partido en la región se sintieron dolidos. Pienso que fue así porque no acaban de comprender que Felipe González hace tiempo que ha dejado atrás a su personaje político y vive una vida que ya no depende de la política. Cosa distinta es que dada su personalidad y los contactos tejidos a los largo de muchos años, tanto en Europa como en América, sea un voz respetada. Una persona a la que se ponen al teléfono los grandes de la política y las finanzas. François Hollande, Presidente de Francia, es uno de ellos. Qué el Presidente del Gobierno haya querido conocer la opinión de Felipe González acerca de la evolución de la política europea es una prueba de que Mariano Rajoy distingue entre enemigos y adversarios. En la política, los enemigos suelen estar más cerca, incluso en las propias filas. Y no lo digo a cuenta de la inmisericorde catilinaria desgranada por José María Aznar contra la política del Gobierno prácticamente a la misma hora en la que Rajoy charlaba con Felipe en La Moncloa. La entrevista ha generado un notable mosqueo entre las filas aznaristas de los populares y despecho en las alturas de la sede socialista de Ferraz porque, con la simplicidad que en tantas otros registros vienen evidenciando algunos de los actuales dirigentes del PSOE, han debido pensar que Felipe era patrimonio exclusivo. No han entendido que desde que se curó del síndrome del poder, no es que vaya por libre, es que es un ciudadano que, como digo, se siente y actúa como un hombre libre. Con todo lo que eso apareja.

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