Rafael López Charques: «Muerte anunciada»

Rafael López Charques: "Muerte anunciada"

Es posible que a algunas personas les extrañe este título, pero si leen nuestra exposición, creemos que nos darán la razón.

No queremos ser pesimistas, ni pájaros de mal agüero, pero la realidad desgraciadamente se impone, por mucho que nos duela.

El pasado martes se constituyó el Congreso de la XIV Legislatura y el comienzo no pudo ser peor. Desde el primer momento quedó muy claro que lo importante no era que nosotros alcanzásemos esto, sino que no lo lograsen los contrarios; después ya trataríamos de amañar las cosas. Lo comprobamos en la constitución de la Mesa del Congreso.

El acto solemne de acceder a la condición de diputado, se convirtió en bastantes casos, al menos en más de los admisibles, en una auténtica charlotada propia de una cámara bananera, no de un país serio. Aún admitiendo, sin estar de acuerdo, con la interpretación laxa de la norma, a la que poco más o menos hacía alusión la presidenta, la realidad es que algunas señorías aprovecharon la ocasión para regalarnos un breve discurso político partidista y contrario a la Constitución. Como era de esperar solo nos quedó aguantar, recordando aquello del ¡trágala!.

El colmo en todos los sentidos fue el de un diputado que accedió al cargo después de soltar su perorata puño izquierdo en alto, al menos así se vio en la tele. Si mal no tenemos entendido ese es el saludo comunista.

Dos reflexiones. Primera, si alguno o alguna hubiese soltado su rollo brazo al alto, el saludo fascista, ¿se imaginan el escándalo que se habría formado?; posiblemente como mínimo le hubiesen cortado esa extremidad. Segunda, el 19 de septiembre pasado, el Parlamento europeo igualó oficialmente el comunismo y el fascismo, condenando “toda manifestación y propaganda de ideologías totalitarias, como el nazismo y el comunismo, en la Unión” Parece ser que eso no rige en nuestro país, o que quienes tienen que velar porque no suceda no se han enterado, o no les conviene enterarse porque los votos son los votos.

Nuestro no querido interino ha garantizado que los acuerdos a que llegue con los independentistas para obtener su apoyo «van a estar siempre dentro del marco de la legalidad democrática y de la Constitución Española». Solo a él se le ocurre decirlo. En cualquier país verdaderamente democrático sería una estupidez, pues nadie imaginaría lo contrario; si aquí tiene que aclararlo por algo será.

Aprovechamos la ocasión para rogarle que no nos deje en ridículo. Su señora, a efectos protocolarios, no es nadie. Por favor, no nos haga pasar la vergüenza de que tengan que echarla del sitio que se auto atribuye, en una conferencia internacional.

Para completar la semana, el partido líder en la defensa del proletariado, ha sido denunciado por gente que ha trabajado en él, acusándolo de diversas irregularidades tanto laborales como de otros tipos. Les toca a los tribunales averiguar la verdad, pero lo sospechoso es que el citado partido que tanto clama en casos similares que les acontecen a otros, prácticamente ha hecho “mutis por el foro”. Ello nos recuerda a aquella ingeniosa frase de Voltaire: “Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento, y muera el que no piense como yo”.

Nuestro país antes era una nación integrada, dentro de sus diferencias, en la que todos habíamos aportado a todos, cada uno en sus momento, y nos sentamos orgullosos de ello Ahora unos fomentan y otros aplauden el todos contra todos.

¿Y nuestros políticos? La mayoría, asegurándose el sillón y las prebendas. Lógico pues los hay que si tuviesen que ganarse el pan en la vida privada lo tendrían crudo.

Desengañemos, estamos ante el anuncio de la muerte de España.

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