OPINIÓN

Victor Entrialgo: «Vivir para el Estado»

Victor Entrialgo: "Vivir para el Estado"

El hombre y la mujer masa, los que quieren hacer ley de su vulgaridad, creen que ellos son el estado y tienden a hacerlo funcionar con cualquier pretexto, aplastando a toda minoría que moleste en política, en ideas o en economía.

Los resultados de esta tendencia que describió Ortega hace ya un siglo son fatales, como estamos comprobando con el sanchismo y aún lo vamos a comprobar más con sus consecuencias. La espontaneidad social es anulada una y otra vez por la intervención del estado y así ningún sector, ningún autónomo, ninguna empresa, salvo las muy grandes, con las que el sanchismo tiene un pacto expreso o tácito de no agresión, puede prosperar.

La sociedad tiene que vivir para el estado, en nuestro caso el estado de partidos, y el hombre para la máquina del gobierno. Y como el Estado es una máquina que depende de la vida que le rodea, después de chupar el tuétano a la sociedad, después de destrozar las clases medias, se quedará esquelético, como una máquina herrumbrosa, más cadavérica que la del organismo vivo.

Este fue el destino lamentable, escribe Ortega, de la civilización antigua. El estado imperial romano de los Julios y los Claudios fue una máquina admirable pero apenas llegó a su pleno desarrollo comenzó a decaer el cuerpo social y con los Antoninos el estado ostentaba ya una «supremacía desvitalizadora» sobre la sociedad que empezó a ser esclavizada, a no poder vivir más que en servicio del estado, con lo que se produjo la burocratización de la vida en todos los órdenes, la riqueza disminuyó y las mujeres parían poco. Por si les suena.

Ya vemos cuál es el proceso paradójico y trágico del estatismo. La sociedad, para vivir mejor, crea el estado, se entrega en brazos de sus subvenciones, luego el estado se sobrepone y la sociedad tiene que empezar a vivir para el estado.

Eso es, exactamente el Sanchismo. Lo que persigue y el camino hacia el que nos están llevando las instituciones por ellos nombradas, como estamos viendo todos los días, salvo un puñado de valientes empeñados en el levantamiento del velo de sus corrupciones familiares en una sociedad subvencionada, maniatada, anestesiada e indolente.

Mientras 13 millones de personas están en riesgo de pobreza o exclusión social en España, el 26,5% de la población y el 48,7% de los hogares tienen dificultades para llegar a fin de mes, todas las instituciones del Estado están controladas por el tirano, el Ibex 35 a gusto en el machito porque de momento con ellos no se meten, y los medios de comunicación viviendo, casi todos del Estado, salvo un puñado de honrosas excepciones. Cuando no creados por Sanchez, a su servicio, o instalados al menos en una muy rentable oposición institucionalizada. Estoy seguro que hay casas de lenocinio mucho más dignas que ésto.

Todos viven del invento, unos y otros se retroalimentan y así todo es mentira hasta los que de ella viven, mientras la sociedad, a la vista está, permanece absolutamente «desactivada y desvitalizada». Ésta es la clave.

Pero, al fin y al cabo, el estado se compone de los hombres de esa sociedad y pronto no bastará con ellos para sostener el estado y, aun habiendo más de tres millones de parados estructurales gracias a este gobierno y «su cultura de la disuasión laboral», habrá que llamar a los extranjeros, que están viniendo en oleadas sin llamarlos. Los extranjeros se harán entonces dueños del estado cuyos verdaderos okupas y usurpadores ilegítimos están provocando su decadencia y el resto de la sociedad tendrá que vivir para el Estado, esclava del Estado, convertida en rebaño y pasto para alimentar un esqueleto herrumbroso que se come la carne en torno.

Víctor Entrialgo de Castro

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