«El Abrazo» –el cuadro de Juan Genovés( Valencia 1930-2020) que pertenece al Museo Reina Sofía de Madrid y, del que existe una copia en el Congreso de los Diputados — es el símbolo de la derecha y de la izquierda sin ninguna distinción desde 1976, un año que parece aún más lejano de lo que en realidad es y está.
Este obra representa, en esencia, la «reconciliación de los españoles” que –tras esa sangrienta y cruel guerra cainita– se olvidaron de «las dos Españas» aprobando por mayoría la «Constitución» del 78. Antes de nada –según relata el autor– había que desarrollar una Constitución, pero sin olvidar, ni por un instante, que era muy imperioso e ineludible fabricar una nueva imagen de España, que fuera el icono de una obligada y necesaria transición a la Democracia
El catalanista y portavoz del comunista partido SMR –Ernest Urtasun, ministro de Cultura– se ha llevado el cuadro «El abrazo», para así inaugurar en la vecina lusa Lisboa la «Mostra Espanha» 2024, en el Museo de Arte Contemporáneo– como un claro mensaje, precisamente, de reconciliación entre el «bando rojo» y el «bando nacional» a pesar de que el presidente del Gobierno ,»el Gran Jefe» Sánchez, está empeñado en levantar un infranqueable muro ideológico para mantener esa ancestral división, aislar y separar a los opositores–los votantes del PP y VOX– y a todos los que no le bailan el agua o que siempre se mueven suelen moverse en la foto y… encima salen.
A todos se les acusa de ser parte muy integrante de la «fachosfera» y de manipular la «máquina del fango» contra su persona, su ejecutivo y sus políticas.
Para Sánchez, la «máquina del fango» –es el termino acuñado por el gran filósofo y escritor milanés Umberto Eco, el autor de «El nombre de la Rosa» y de » El péndulo de Foucault»– cuyo objetivo principal consiste en tratar por activa y por pasiva de deshumanizar y deslegitimar al adversario político a través de falsas denuncias y medias verdades tan escandalosas como ficticias», es decir, es el «fango en el que la derecha y la ultraderecha española pretenden convertir la actual política de su democrático y progresista Gobierno».
Lo más llamativo e insultante del miinistro de Cultura es que sus habituales políticas siempre son unidireccionales y abogan por la separación y división entre los españoles; por querer descolonizar los museos nacionales; por apoyar y jalear en público los comentarios «pedófilos» de Jaime Caravaca –cómico murciano y ex colaborador de Broncano en La Resistencia– al ser agredido en Madrid en su último espectáculo por el padre del bebé de tres meses y objeto de ese deleznable y ominoso comentario ; por retirar –el pasado mes de mayo– el Premio Nacional de Tauromaquia al defender que los toros son una disciplina de «maltrato animal» y, ahora –por si eso no le bastara para estar en el ojo del huracán de las críticas que le llegan desde los más variopintos ambientes– por tener la vista puesta en la anhelada y futura derogación de la Ley 18/2013 de la Protección de la Tauromaquia en España que en su día la blindó por «formar parte del patrimonio cultural inmaterial» amparada por el Art.46 de nuestra Constitución, cuya custodia y fomento correspondía a la Administración General del Estado.
Resulta descaradamente cínico y altamente burlesco que el ministro nos hable de «unidad» y de «convivencia social» usando a tal fin el símbolo de la pacífica Transición del 78 ,»esa» –a la que él desprecia, tanto por su personal ideología, como por su especial y ministerial «status politico»– como así lo ha demostrado el autor al plasmar pictóricamente en su cuadro ese simbólico «abrazo».
¿Como pretende el ministro «cultureta» Urtasun que nos «traguemos» a palo seco el gráfico simbolísmo de «El Abrazo» con las vengativas y cainitas Leyes de las Memorias Histórica y Democrática …? Eso es impensable.
Aunque es un miembro muy activo y destacado del grupo de la filocomunista galega Yolanda Diaz, él –como buen y adocenado compinche del elato Ejecutivo Ministerial de «Fangoman»– sigue siempre y a rajatabla todas sus órdenes y directrices (que no son ni recomendaciones ni mucho menos consejos) que hay que obedecer, sí o sí.
Cualquiera diría que la única «transición» que el ministro Urtasun conoce –si es que hay posibilidad de que se pueda conocer un concepto más vago e impreciso– es la «transición ecológica», de la que es un gran abanderado y un magistral experto en la «descolonización» de los museos y de las obras de arte en ellos custodiadas.
Nuestro ministro Urtasun ya ha hablado en muchas ocasiones de «desplegar con toda la fuerza el marco legal de la Ley de la Memoria Democrática». Al igual que su «puto amo» Sánchez, es otro de los que nos «da una de cal y otra de arena», al defender por una banda la convivencia y la reconciliación al mismo tiempo que se aferra a la Ley que deslegitima «per se» la Transición que representa «El Abrazo», enarbolado por el en Portugal.
Tengo el presentimiento — y no vago– que la ciencia y la verdad le van a dar igual a Urtasun y a su equipo. Todo lo que no sea la exaltación del «indigenismo» y de la «descolonización museística» será censurado por su inmisericorde ministerio.
El resto de su proyecto político –como ministro titular de «eso» , a lo que él y los de su cuchipanda, mal llaman la «cultura de la cancelación»– se va a ceñir a lucha ideológica y cultural contra la derecha formada por los que el suele llamar los «conservadores» y los «ultraconservadores».
El uso de ese concepto es paradójico en un ministerio que tiene su razón de ser en la conservación del arte y las letras, en la «cultura» desde los primeros vestigios humanos conocidos a los más recientes y actuales.
Es evidente que el ministro «woke» considera el pasado como una losa, salvo que este sea»indigenista», y es partidario de transformar lo cultural en un asunto político no exento de polémica.
No lo pudo evitar, ni quiso, y por eso Urtasun acabó confesando que su ministerio será una auténtica máquina y «plataforma de combate» con y para las autonomías y los municipios donde gobiernen los partidos de la fachosfera: el PP y Vox.
No solo recreó el artificio de que la izquierda es sinónimo de cultura y la derecha de barbarie y de fango, sino que además, el ha prometido combatir tenazmente los «relatos excluyentes» de «veto» y «odio» que proceden de los conservadores».
Sin embargo aún no le hemos escuchado decir «ni mú» de los relatos que proceden de las radicales izquierdas nacionalistas, separatistas ni del resto de los partidos «istas». Ya se le veía el plumero y hasta donde podía llegar a tenor de su brillante curriculum y pese a ser nieto de Jesús Urtasun Sarasíbar — un destacado falangista navarro, nacido en Estella– combatiente por el bando nacional en la Guerra Civil española, en la que resultó herido en 1937 y, por lo que obtuvo de manos del dictador y fascista general Franco la «Medalla de Sufrimiento por la Patria» y una pensión vitalicia a cargo del Estado.
Urtasun va dar mucho de qué hablar –bien, con sus diarias naderias indigenistas, bien por sus culturetas salidas de tono o bien por las manias descolonizadoras de los museos nacionales– porque Sumar (léase Yolanda Díaz) lo necesita, no ya para remontar las encuestas sino para mantenerse en ellas y, para en un futuro muy, muy cercano ser la»caput visibile» de Sumar, misión para la que al parecer está llamado.
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador por Murcia.
