A pesar de que podría ser obra de un adulto infantiloide, la utilización premeditada y simultánea de éstas tres estrategias políticas mientras está asediado judicialmente es lo que convierte a Sanchez en un perverso:
La primera es buscar tensión social y enfrentamiento, -ahora vampirizando el franquismo-, como salida a su corrupción. La segunda, acusar a los demás de los hechos que él mismo comete y ve reflejados en su espejo de narciso. Y la tercera, la simple y llana provocación.
«Tensión, espejo y provocación», son las tres maniobras del corrupto junto a su mujer y su hermano, mientras distrae al personal, simula relajación, no esquía, que debe considerar fascista, sino que hace el ridículo como una mascota subida en una tabla de snowboard y recibe el calor del público deslizándose por la pendiente.
Acudir a Benasque, uno de los pocos valles donde se puede aún bajar del coche sin riesgo y donde le dan posada los amigos a los que adjudicó contratos que hoy maniobran escondidos en un consejo de administración, forma parte de esa estrategia de provocación que muestra la psicopatía de los Ceaucescu.
No habiendo recibido Valencia ni un 7% de la ayuda que primero les negó, los Ceaucescu deciden irse a esquiar a Aragón, uno de los feudos por donde el sanchismo se puede deshacer como la nieve, para apretar allí las filas de los traidores que aspiran a sustituir a Lambás, «blanqueando así» el poco tiempo libre que les dejan las visitas al raso negro de las togas de los magistrados de Tribunales y juzgados.
Son las estrategias diseñadas en la guarida del lobo por los que llaman asesores de comunicación política, que como los montajes de «Sálvame» se dedican a provocar, vender la dignidad y un conjunto de inmoralidades más aprendidas en el extranjero, puestas al servicio de los enemigos de la Nación por unos cuantos miles de euros.
Todo esto ante los ojos de una nación que se pregunta ¿Por qué masas enteras de españoles permanecen acríticas con un presidente y su mujer que «se niegan a dar explicaciones» de los negocios llevados a cabo aprovechando la presidencia del gobierno?
¿Por qué masas enteras de españoles permanecen acríticas con un gobierno cuyo número uno ataca, a través del Fiscal General, a quien considera su rival más importante, ordenando filtrar datos económicos personales de su pareja?
¿Por qué masas enteras de españoles permanecen acríticas con un partido que para comprar el poder ha vendido la Nación?
En realidad todo ésto no sólo trae causa de una Nación sin criterio sino de la partitocracia, la ausencia de controles y eficaces procesos de destitución del presidente ante graves imputaciones o contravenciones del interés general, lo que está «naturalizando diariamente» lo que se conoce desde hace seis años cuando sin ganar las elecciones se apoyó en lo peor de cada casa para llegar al poder.
Algo tendrá que ver también la cultura recluída en un edificio del ministerio, eliminada de la vida social y convertida en un circo sin gladiadores mientras el gobierno reparte dinero por los cines y la opinión sincronizada con una juventud dedicada, a subsistir sin vivienda con el sobrante de viajes baratos de aquí para allá en el mejor de los casos, sin la holgura que permite la crítica. Estamos llegando al comunismo por la puerta de atrás, no por la ideología, sino por la comodidad.
A pesar de una España abúlica sin criterio, donde cuanto mayor poder adquisitivo tenga el ignorante, mucho peor. Y de otra España crítica que marea la perdiz sin acercarse siquiera a Moncloa a exigir su desalojo, el año nuevo puede verse como una nueva esperanza frente a este Calígula que despues de dividir para mandar, siempre que tiene dificultades recurre a la tríada de estrategias del tirano acorralado: la del espejo, la provocación y la tensión social.
Víctor Entrialgo
