Que el sanchismo es un despliegue de maldad insolente ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos en un merengue, manoseaos. Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, pretencioso o estafador. Todo es igual, nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos, ni escalafón. Los inmorales nos han igualao. Sanchez vive en la impostura y sus felpudos alfombran su ambición. ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón.
El sanchismo es Cambalache, realidad distorsionada, desinformación. No han hecho viviendas, ni empleo, ni escuelas, ni residencias, ni infraestructuras, ni nada. No han limpiado montes, ni ríos ni carreteras.¡No han gestionado Nada!. Han okupado un Estado que no ha estado cuando se le necesitaba, están pagando los chantajes de sus enemigos y aprovechado las catástrofes para enriquecerse. Están desesperados con el cerco judicial y no hacen sino atacar en jauría a quien consideran rival, ya sea Vox, Madrid o el Poder Judicial.
Éste Cambalache ha convertido la democracia en tiranía mientras el autócrata exige a la oposición el respeto de la ley que él mismo ha destruído. El número de excarcelados de «la comunista chalet» compite con el de burlados por la «comunista chanell», que para no dejar la peluquería ni las boutiques amplía el recreo. La oficina de las Artes escénicas, que David Sanchez no sabe situar, está en realidad en Moncloa y el Jefe es su hermano, que igual que lo puso se lo va a llevar, mientras esconde sus fotos de familia en los juzgados con un juicio por un beso.
Integridad y valor forman la pasta de la que deben estar hechos los líderes que esperamos. Exactamente aquella de la que no están hechos los actuales dirigentes españoles. Ministros, vasallos de provincias o chantajistas periféricos. Todos son títeres. Una máquina vil de recaudación y de reparto. Estamos gobernados por un dictador y unos cuantos esbirros de peluche.
Vivimos revolcaos en un fango causante de cientos de muertes que ni siquiera limpian, sin que haya dimitido ni un sólo dirigente. Un Cambalache donde es lo mismo ser derecho que traidor, ministro, ignorante, pretencioso o estafador. El sanchismo es un despliegue de maldad insolente. Ya no hay quien lo niegue. La política ha sido degradada y vilipendiada y la sociedad, infantilizada, anestesiada, desquiciada, prostituída, envilecida. Todo es igual, nada es mejor. Los inmorales nos han igualao.
Víctor Entrialgo
