«Una cosa es no poder enfrentarse al inmoral Sánchez y otra blanquearle, Majestad. Y también vale para Juanma Moreno».
Va con todo Antonio Naranjo en su columna de este 27 de enero de 2026 en El Debate, bajo el título «Funerales laicos con los Reyes de coartada», plantea una crítica contundente:
El conocido periodista, presentador en Telemadrid y COPE y analista en programas como En Boca de Todos, expresa ahora por escrito su indignación ante la gestión de la tragedia ocurrida en Adamuz, donde el descarrilamiento de un tren Iryo deja al descubierto una serie de negligencias que Pedro Sánchez intenta ocultar con homenajes cargados de ideología.
Naranjo destaca la falta de sensatez del presidente:
«Toda la indecencia inhumana de Sánchez se resumió en su precipitada convocatoria en Huelva, el próximo sábado, de un «funeral de Estado laico», la estúpida fórmula… woke que se han inventado para adaptar los homenajes públicos a su infantil universo ideológico».
Explica cómo Sánchez coloca su agenda laica por encima de las verdaderas necesidades espirituales de las víctimas, cancelando el acto ante el rechazo popular, similar al episodio vivido en Paiporta, donde el líder socialista se retiró apresuradamente como un «galgo» frente a las críticas ciudadanas.
El columnista critica duramente la falta de previsión del Gobierno:

«Al líder del PSOE no le preocupan las víctimas antes de serlo, como demuestra la pavorosa imprevisión en Adamuz, kilómetro cero de las infamias del sanchismo, y tampoco después».
Resalta cómo Sánchez menosprecia el valor del oficio religioso, prefiriendo recurrir a fórmulas ideológicas que ignoran el consuelo que brinda la fe, mientras Huelva opta por un funeral auténtico días antes.
La crítica también recae sobre los monarcas:
«Pero también de los Reyes, por cierto: han pasado de dar una lección de dignidad en Paiporta, en contraste con la fuga llorona de Sánchez; a aceptar sin rechistar el modelo de contrición que él ha impuesto».
Antonio Naranjo reprocha a don Felipe y doña Letizia su complicidad con el relato oficial, censurando a los medios y blanqueando a ministros como Óscar Puente, todo dentro de un montaje que roza lo negligente.
La columna concluye con una imagen inolvidable del posado real ante un tren destrozado, invitando a meditar sobre los límites institucionales en tiempos críticos.
