¿Qué han conseguido los teólogos y los clérigos conciliares con su obsesión para hacerse agradable al mundo? Caer hasta casi la inexistencia en muchos países y contribuir a la degradación de los hombres.
Los intentos de acercar la fe a «los deseos y necesidades del hombre de hoy» han acabado en el fracaso absoluto. Quienes me crean exagerado pueden comprobar lo que digo en Cataluña o en el País Vasco: seminarios y parroquias vacíos, sacerdotes reducidos a animadores culturales o convertidos en demoledores de la tradición… La supresión de la vieja Liturgia ha contribuido a empeorar la vida de los fieles, pues ha suprimido un elemento de belleza y de acercamiento a Dios. Por fortuna, se está recuperando.
Así cuenta Alec Guinnes, también conocido como el maestro jedi Obi-wan Kenobi, una escena a la que asistió durante una estancia en una abadía de Mount St. Bernard, un monasterio trapense en Inglaterra, descrita en su autobiografía:
Al llegar a la amplia capilla, una habitación sobria de color blanco y llena de corrientes, me quedé sorprendido ante el espectáculo. Las grandes puertas que daban al Este estaban abiertas, y el sol, una ardiente esfera roja, comenzaba a alzarse por encima de una granja lejana; ante cada uno de los doce o más altares había un monje cuidadosamente revestio -pero calzado con las botas de granjero que aún llevaban pegados los excrementos de las vacas- que musitaba su Misa en privado. Cada una de las misas, dichas en voz muy baja, casi en un susurro, se hallaba en un momento distinto, de modo que en una de ellas podía oírse el tintineo de la campanilla del Sanctus al que seguía, medio minuto después, otro tintineo un poco más lejano. Durante lo que serían unos cinco minutos, las campanas lo inundaron todo con su sonido, mientras el sol se iba aclarando a medida que avanzaba. Era sobrecogedora la sensación de que Dios se iba expandiendo, llenando hasta la última esquina de la iglesia y del mundo entero.
Nicolás Gómez Dávila, en su magnífico Sucesivos escolios a un texto implícito:
La función de la Iglesia no es la de adaptar el cristianismo al mundo, ni siquiera de adaptar el mundo al cristianismo; su función es la de mantener un contramundo en el mundo.
Los progresistas cristianos están convirtiendo al cristianismo en un agnosticismo humanitario con vocabulario cristiano.
