Este 13 de mayo de 2014, Juan Carlos Escudier escribe en Público una columna titulada ‘El jarrón chino me ha pegado’ en la que arranca diciendo:
Tontamente, hay museos que, en un alarde de prevención, resguardan sus colecciones de jarrones chinos tras cristales blindados, temiendo que a algún visitante le dé por convertir las porcelanas en puzzles de 5.000 piezas cada uno.
Añade que:
Se trata de una protección inútil ya que, como vienen demostrando Aznar y Felipe González, los jarrones chinos no sólo son irrompibles sino que, además, pueden darte un mandoble con el asa y partirte la crisma al menor descuido
Y concluye que:
Los jarrones chinos son, por lo general, tipos muy presuntuosos por eso de que se consideran piezas únicas

