Este 2 de diciembre de 2014, escribe David Torres en Público una columna titulada ’50 sombras de Fabra’ en la que arranca diciendo:
En Cadena perpetua, aquel grandioso drama carcelario, hay una escena donde Morgan Freeman relata cómo los reclusos veteranos apuestan sobre cuál de los novatos se echará a llorar el primero en su noche de estreno en prisión.
Añade que:
Con Fabra bromas las justas. Ya ha explicado que él va a la cárcel en busca de tranquilidad, para escribir sus memorias. No ha tardado tantos años en ingresar en prisión porque tuviera miedo, qué tontería, sino porque estaba documentándose. En concreto, sobre sexo y mujeres.
Y concluye que:
A la biografía del cacique estelar de Castellón le faltaba una serie de lances amorosos que salpimentara el hecho bruto del éxito, el cemento, el reintegro y las gafas.

