Este 30 de diciembre de 2014, escribe Ignacio Camacho en ABC una columna titulada ‘La tirolina‘ en la que arranca diciendo:
Mitterrand alcanzó la Presidencia de Francia cuando, tras varios intentos fallidos, contrató a un publicista para que le limase -literalmente- los colmillos. El publicista, Jacques Séguéla, le diseñó la campaña, le inventó un eslogan y le afinó la imagen; lo que el viejo socialista nunca hubiera permitido es que le manejase el programa.
Añade que:
[Pedro Sánchez] Lo mismo sale en «Sálvame» que se descuelga en una tirolina con un aventurero de moda; cualquier día lo vemos concursando en «Pasapalabra» o encerrado en la casa del «Gran Hermano». El problema es que en tantísima aparición sólo tiene que ofrecer su presencia: no comunica conceptos, ni expone medidas, ni sugiere soluciones. Está ocupando escaparates para anunciarse en ellos como una carcasa vacía.
Y concluye que:
En su gymkana televisiva está librando una carrera de superficialidad hacia ninguna parte; una sucesión de piruetas en la que ha llegado, no sabe con qué objeto, a alterar su nombre desprendiéndose de las vocales. Y en ese batiburrillo de consonantes saltarinas no se escucha ningún mensaje.

