Antonio Casado

Al paso de la izquierda.

En el fin de semana los seguidores de Pablo Manuel Iglesias (su nombre de pila, que no flote el malentendido con el padre del socialismo español) y los de Pedro Sánchez aclamaron a sus respectivos líderes al grito de «¡presidente! ¡presidente!. En eso no se diferencian de la casta. Y aún menos tratándose de dos partidos de la izquierda que comparten un adversario común, la derecha de siempre. Eso une mucho.

Nada nuevo, aunque los responsables de Podemos se empeñen en marcar diferencias e incluso en sacar al PSOE del terreno de juego para quedarse solos con el PP en la lucha por el poder. Los apuntes biográficos de Pablo Manuel recuerdan que, entre otras cosas, ha trabajado para el CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales), una Fundación cuyo objetivo estatutario es el de «fomentar consensos de izquierdas».

Así que Podemos y PSOE no solo comparten enemigo común y raíces ideológicas. También comparten, si bien no lo dicen en público, las formulaciones que en voz baja hacen los dirigentes socialistas para cuando las alianzas sean inevitables tras la asimismo inevitable fragmentación del mapa político. Pablo Manuel insiste en que el eje derecha-izquierda está superado y solo lo utilizan los trileros. El prefiere hablar de los de arriba y los de abajo y, sobre la ubicación político-ideológica en el espectro español, su concepto preferido es el de «transversalidad». O sea, que caben desde los seguidores de Julio Anguita hasta los del Papa Francisco. Incluso él mismo se presenta como un fan de los dos a la vez.

En el PSOE prefieren hablar de «centralidad», aunque viene a ser lo mismo: un llamamiento al mayor número posible de votantes. Al menos los socialistas asocian el concepto de «centro» al de la moderación, de modo que en el llamamiento quedan excluidas las posiciones radicales localizadas en los extremos, tanto a la derecha como a la izquierda. No es el caso de Podemos, por lo que queda dicho, lo cual plantea muy serias dudas sobre la viabilidad de un partido que, al estilo de Syriza, puede hacer una coalición de gobierno con un partido ultraderechista mientras el ex comunista Pablo Iglesias se hace fotos con su primo hermano de Grecia.

Syriza ya gobierna. Podemos promete que gobernará a finales de año (ay, ese tic-tac que también puede ser el temporizador de un explosivo), cuando le ha quitado el poder al PP, los cuadros a IU y los votos al PSOE. De momento las encuestas le dan para salir en la tele a todas horas pero, como partido extraparlamentario, no para tener que fijar postura sobre temas de la actualidad política. Porque ni siquiera tiene un programa.

«Eso llegará cuanto toque», ha dicho Monedero. Bueno, por ahora les basta y les sobra con arremeter contra la casta. Del programa ya hablaremos. Quedó claro en la manifestación del sábado: unidos por la aversión al PP y al PSOE, no por unas propuestas de actuación que siguen inéditas.

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