DAVID GISTAU

«Al café había que ir o a adular, o a ser adulado por chicos por ejemplo de Málaga. A consagrarse uno como cliché»

"Al café había que ir o a adular, o a ser adulado por chicos por ejemplo de Málaga. A consagrarse uno como cliché"
David Gistau.

David Gistau titula su columna ‘Cafés’ en el diario ABC de este 29 de julio de 2015 y que arranca así:

LOS dos géneros útiles para ganar un premio a la literatura de periódico son el costumbrismo y la necrológica. Con la reestructuración de la deuda griega resulta más difícil. El cierre de un café tradicional, recipiente secular de tertulias y esgrimas intelectuales, concede la oportunidad de mezclar ambos géneros con una patente de corso expedida al estilo. De ahí que llevemos veinticuatro horas viendo fluir tantas lágrimas costumbristas por el Comercial que empiezo a temer que, por efecto de la anegación, termine por saltarle una chispa al iPad que me lo deje averiado para todo el verano.

Continúa:

Una vez, sentado en la Biela de Buenos Aires, vi en la mesa de al lado un Borges de cartón piedra colocado como atracción turística. No era posible percibir tanta diferencia con los modelos articulados del café Gijón que regresaban a casa a dormir. Esa revelación me hizo ver el café como una trampa de la pose en la que los humanos se quedaban atrapados para siempre, prendidos del afán de notoriedad y de un parecer más importante que el ser. Al café había que ir o a adular, o a ser adulado por chicos por ejemplo de Málaga. A consagrarse uno como cliché dentro de un sentido de continuidad dinástica. Un horror, en cualquier caso. De esto no tienen culpa los cafés, que podrían ser sitios agradables en los que sentarse un rato, pero su propia leyenda los hizo insufribles.

Finaliza:

A pesar de estas aversiones, el otro día, cuando cerró el Comercial, me puse a buscar en internet noticias de otros cafés perdidos por Madrid. Y encontré una joyita familiar que de inmediato envié a Ruiz Quintano, con quien comparto estas cosas porque hace ya más de veinte años que lo copio y lo admiro. Encontré un texto delicioso, publicado en «La Estafeta Literaria» en 1944, que narraba la búsqueda que un puñado de fundadores de tertulia hizo en varios locales de Madrid hasta encontrar un sótano de su gusto en el que cultivar la amistad y la conversación. El sótano, en las profundidades del Lion, tenía una «ballena alegre» dibujada en la pared y al final resultó que no aislaba de los odios puestos en circulación en aquella España. El autor del artículo era mi abuelo, a quien no me habría importado poder hacer unas cuantas preguntas.

Autor

Roberto Marbán Bermejo

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente cursa el grado de Ciencias Políticas por la UNED, fichó en 2010 por Periodista Digital.

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