Pone a caer de un burro a Victoria Rosell

Jaime González retrata a la ‘ministra’ podemita: «Exhibe una soberbia napoleónica»

"Si la diputada fuera del PP, Jordi Évole se camuflaba en la puerta de embarque del aeropuerto de Gran Canaria para captar el momento de su entrada"

Jaime González retrata a la 'ministra' podemita: "Exhibe una soberbia napoleónica"
María Victoria Rosell. EP

«Victoria Rosell exhibe una soberbia napoleónica». Así la define este 6 de abril de 2016 a la diputada grancanaria de Podemos el jefe de opinión de ABC, Jaime González, en su columna de opinión.

Arranca así su tribuna:

Victoria Rosell, exjueza y diputada de Podemos, exhibe una soberbia napoleónica, la más alta en la escala de un pecado capital cuyos síntomas se resumen en quererse demasiado a sí misma y respetar muy poco a los demás. Su obsesión es que le abran la sala de autoridades de los aeropuertos, supongo que para marcar territorio y diferenciarse del vulgo. «Soy Victoria Rosell y necesito que me abra usted la sala de autoridades inmediatamente», le espetó sin más contemplaciones a un empleado del aeropuerto de Gran Canaria el pasado febrero.

Recuerda que:

La irritación que le produjo no lograr su objetivo -los diputados no tienen derecho a utilizarla- debió de dañar gravemente su ego, porque el lunes a primera hora entró en el aeropuerto con el ceño fruncido, dispuesta a hacer valer su condición de parlamentaria a toda costa. Primero montó la parda porque un carrito con maletas se interpuso en su trayectoria -tal vez porque entienda que a una diputada hay que despejarle el camino- y después se sintió víctima de una «burla» al pedirle que separara el ordenador del resto de objetos que portaba. Trató de saltarse el control de seguridad y, requerida tres veces por un guardia civil para que le enseñara la documentación, su respuesta fue clara: «No me da la gana». Concisa, clara y sutil manera de pasarse la autoridad por el arco del detector de metales.

Asegura que si Rosell hubiese sido del PP, a Jordi Évole (laSexta) ya se le hubiese ocurrido una maldad:

Tiene un reportaje la señora. Si fuera del PP, Jordi Évole se camuflaba en la puerta de embarque del aeropuerto de Gran Canaria para captar el momento de su entrada, pero siendo de Podemos no me atrevo a asegurarlo. Rosell lo tiene claro: está siendo víctima de una cacería política, de un complot en toda regla en el que los empleados de Aena y los agentes de la Guardia Civil son los brazos ejecutores de un siniestro plan para acabar con su carrera. Tiene apariciones. Oye voces. Y por eso busca refugio en la sala de autoridades.

Y sentencia:

No se lo tome a mal, señora diputada, pero si por esas cosas de la vida llegara usted a ser ministra de Justicia, ruego sepa entender el tono de este breve comentario. «¡Soy Victoria Rosell, ministra de Justicia…!». Con solo imaginarlo, a los empleados del aeropuerto de Gran Canaria se les tienen que poner los pelos de punta.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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