Santiago González

«Ya que Bescansa no llevó al bebé, Pablo Iglesias debería haber llevado a cambio a su perra Lola»

"Ya que Bescansa no llevó al bebé, Pablo Iglesias debería haber llevado a cambio a su perra Lola"
Santiago González. PD

Santiago González, en El Mundo, subraya que por fin Albert Rivera parece haber entrado por el aro, no sólo por la elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso de los Diputados, sino porque también ha servido para que Ciudadanos tenga dos puestos en la Mesa de la Cámara Baja:

La XII Legislatura ha arrancado con aire de normalidad, salvo las camisetas de Cañamero y Compromís y los desparrames literarios de la fórmula de promesa o juramento de la Constitución adoptada por los nuevos, que ya no lo son tanto. Ayer dejaron en casa al bebé Bescansa y Pablo Iglesias debería haber llevado a cambio a su perra Lola, que en realidad era de Tania, pero digo yo que compartirán la patria potestad. La perra habría sido un gran reclamo para los votos animalistas y tema para un interesante debate nacional. A ver si no van a tener derecho las mascotas a entrar en el Congreso.

La elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso es la operación más sensata que uno le recuerde a Albert Rivera en los últimos meses. Por fin consigue que sus escaños sirvan para algo: al apoyar a la candidata popular consigue colocar a dos de los suyos en la Mesa del Congreso, donde en puridad de reparto no le habría correspondido ninguno. Así es la negociación en política, un do ut des.

Destaca que:

Por otra parte, Pastor era una excelente candidata, sobre todo teniendo en cuenta la alternativa. A los socialistas les habría parecido mejor Patxi López, especialmente por su formación jurídica, pero en estas cuestiones nadie se puede librar de cierto subjetivismo: también les parece que el mejor presidente de la democracia ha sido Zapatero y que el mejor gobernante republicano fue la acémila de Largo Caballero, que no respondía ni a su primer apellido ni al segundo.

Atrás quedó el argumento de socialistas y Ciudadanos sobre la necesidad de que la Presidencia de la Cámara no recaiga en el mismo partido que la Presidencia del Gobierno. No pondría uno reparos a subrayar la separación de poderes, ah, Montesquieu, ah, la Ley del Poder Judicial. Lo que pasa es que nunca hemos practicado esa costumbre. Adolfo Suárez llegó a la jefatura del Gobierno con un presidente de las Cortes que hizo posible la Transición e inspiró al Rey su nombre: Torcuato Fernández-Miranda. Después de las elecciones constituyentes, puso a sus propios Fernando Álvarez de Miranda y Landelino Lavilla. Felipe González puso a dos: Peces Barba y Félix Pons. Aznar, a otros dos: Federico Trillo y Luisa F. Rudi; Zapatero, a Manuel Marín y José Bono; y Rajoy, a Jesús Posada. Manda huevos que tuviéramos que llegar cuarenta años después a un momento en que Rivera y Sánchez plantearan la necesidad de que el Congreso lo presida un partido distinto que el de Gobierno, sin añadir: hasta ahora todo mal y sin que Pedro Sánchez prometiera que, en caso de ser investido, López dimitiría para dejar la Presidencia del Congreso al candidato del PP, que sería la oposición.

Y sentencia a los podemitas:

Iglesias propuso al independentista besucón, qué más adecuado para presidir el templo de la soberanía nacional. Del Bosque también es partidario de que Guardiola lo sustituya como seleccionador: a ver por qué no va a ser un catalán. No es por catalán, sino por independentista, marqués. Ahora que se lleva mucho esto, quizá convenga externalizar la condición de españoles; encargársela a los suecos, un suponer. O a los alemanes.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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