Fernando Jáuregui

¡Y ahora dicen que vuelve Berlusconi!

¡Y ahora dicen que vuelve Berlusconi!
Fernando Jáuregui. PD

Definitivamente, el mundo se está volviendo loco. Claro que quienes dicen representarnos fomentan esta locura con sus insanias, sus demasías, sus errores. Está bien, a mi juicio, la controvertida reforma constitucional que Matteo Renzi somete este domingo a un referéndum de los italianos; el error fue ponerse a sí mismo, en plan Cameron, en la balanza.

Si sale ‘no,’ lo que es hasta probable, me marcho. En lugar de anunciar una convocatoria de elecciones si sus planes fracasaban. Y, entonces, además del caricato Beppe Grillo, ahí tenemos al -¿cómo definirle sin agraviarle?_ indefinible Silvio Berlusconi al acecho: ojo, que vuelvo.

Al fin y al cabo, solamente es unos años, no muchos, mayor que Trump, es también, ejem, empresario como el norteamericano y la televisión más, ejem, ejem, popular ha sido su rampa de lanzamiento. Están locos estos romanos.

Así que si América anda como anda, no te digo nada en Europa, donde todo va a valer, incluyendo la alianza de un socialista (Valls) que todos dicen que no es tan socialista, con un moderado (Fillon), que tampoco lo es tanto, para detener los ímpetus imperiales de una extrasistema furibunda como Le Pen.

O miren hacia Alemania, la de la muy estable y apreciable señora Merkel, que busca desde ya una nueva grosse koalition para 2017 con los muy tibios socialistas ahora comandados por Martin Schulz, con el fin de frenar a los xenófobos que quieren acabar con los inmigrantes y, si pueden, con todo el sur de Europa.

O miren hacia Austria, que tiene las elecciones (repetidas) dentro de unas horas y donde un ‘ultra’ de tomo y lomo, el líder del FPO, sale como favorito. O échele un vistazo a Holanda, que tiene ya cercano, en marzo, un proceso electoral con tantos riesgos de inestabilidad, porque puede ganar la ‘derecha alternativa’ de Wilders, como el francés o el austríaco.

O como los derivados del Brexit -que no puede controlar, claro, la señora May_ o lo que se desate con lo que ocurra, glub, este domingo en Italia.

Se ha puesto de moda estos días analizar todo esto, y más, no solo entre los eurócratas ‘cabezas de huevo’ mal comandados por Juncker, sino en las cancillerías y palacios presidenciales de los países europeos.

Incluyendo, claro está, La Moncloa. En el PP están europesimistas y nacional-eufóricos: dicen que, tras haber dado el espectáculo lamentable que el país ha dado durante todo 2016, hasta noviembre, básicamente por culpa de un secretario general socialista (o sea, Pedro Sánchez), ahora España se presenta como un modelo de estabilidad para Europa.

Claro, los europeos no somos culpables de que sesenta millones de norteamericanos hayan votado a alguien como Trump, que ahora nos echa encima al ‘general perro loco’ como secretario de Defensa; pero tampoco es cuestión de señalar mucho hacia el otro lado del Atlántico cuando en el Viejo Continente hemos tenido a Berlusconi, que es como la encarnación de la momia del anti-Lenin, gobernando durante muchos años el país donde se firmó el Tratado de Roma, nada menos. Y eso, susurran los satisfechos monclovitas y sus aledaños, en España no ocurre.

Aquí, el Sistema, con mayúscula, por favor, ha decapitado a quien lo ponía en peligro, y está poniendo en su sitio a aquellos emergentes que nos habían salido tan gallitos (hablan, claro, de Podemos, pero miran de reojo a Ciudadanos, que con tanta dureza trató al PP en la jura de Santa Gadea de la pasada investidura de Rajoy).

En España no hay ni Grillos, ni Hofers, ni Corbyns (sobre todo, ahora que Sánchez ha desaparecido del mapa), ni Lepenes ni, mucho menos, Berlusconis, faltaría más. España es un país reformista, aunque Rajoy, que no lo era, esté recién convertido a la nueva doctrina, capaz de pactar hasta los Presupuestos o la Educación, o hasta la reforma de la Constitución, con sus antaño irreconciliables enemigos, los socialistas.

Y, encima, en los ámbitos monclovitas te intentan vender, sin duda de cara al próximo congreso del partido que sustenta al Ejecutivo, que acaso el PP esté cediendo demasiado, que esto parece la rendición de Breda frente a socialistas de la escasa talla del portavoz parlamentario Antonio Hernando.

No creo en esos mensajes: ya digo que en el PP, en el fondo-fondo, están bastante eufóricos Y, además, ahí está la vicepresidenta de ese ‘Gobierno Soraya presidido por Rajoy’ organizando el Gran Diálogo con Cataluña, que puede, a poco optimista que se quiera ser, comenzar a resultar la solución para el enorme problema ya secular de la tentación separatista catalana.

Oiga, si conseguimos aplazar la cosa un siglo más, y aunque eso de la integración de todos en la Gran Europa cada día aparezca más lejano, pues santo y bueno.

Así que, con subida brutal (y contra las promesas electorales) de impuestos y todo, quizá por primera vez podamos, a escala nacional, empezar a pensar que este puede ser un país de consensos, gobernado en buena parte desde el Parlamento, un país regeneracionista a pesar de que quienes gobiernan no lo son demasiado.

Un país basado en los equilibrios, que es la mejor forma de gobernar, aunque hoy por hoy los desequilibrios son aún muchos.

De momento, se están poniendo, parece, algunos cimientos de lo que podía atisbarse como una nueva política, tras haber pasado por una desastrosa vieja política. Algo es algo: a ver si va a resultar que 2017 va a ser, contra todo pronóstico, un buen año… aquí, y no en berlusconilandia, claro.

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