Juan Pablo Colmenarejo

Política incorrecta: Primeros pasos de Trump

Política incorrecta: Primeros pasos de Trump
Juan Pablo Colmenarejo (COPE). PD

Donald Trump es una falla en el sistema. Cuando el partido republicano abrió sus elecciones primarias a la participación de la gente consintió el esperpento. Se equivocaron de principio a fin al permitir que la estructura intermedia, el llamado aparato, quedara diluido a manos de cualquiera.

Y como en Estados Unidos el dinero manda mucho, se les coló hasta dentro un representante del mundo del espectáculo con cien millones de dólares para gasto corriente y de bolsillo.

Nada va a ser como siempre a partir del 20 de enero, cuando se inaugure la presidencia de Trump. Gracias al derroche de su dinero particular -Estados Unidos es así- y a un discurso faltón y sin escrúpulos, se va a sentar en el trono del Despacho Oval para ponerse el mundo por montera.

A Trump le han votado sesenta millones de personas hartas de la corrección política, buscadoras de un gobernante que mire más a la América profunda y menos al mar de China. La burbuja de lo políticamente correcto ha sido pinchada a lo bestia por un tipo que no ha dudado en verbalizar su machismo por la mañana y la xenofobia por la tarde.

El votante se ha ido al extremo populista al carecer de una alternativa con ideas y principios, es decir, de derecha desacomplejada y democrática como acaba de demostrar Fillon en Francia. Tampoco hay que olvidar que la adversaria de Trump era una candidata manchada por la corrupción y adalid de políticas contra el derecho a la vida y la familia que pusieron al votante conservador moderado entre la espada y la pared.

Trump ocupa mucho espacio abandonado. Lejos de pensar en costes y consecuencias, va a pisar charcos y a cortar cables sin mirar. Por eso atiende la llamada de la presidenta de Taiwán. Le importa muy poco guardar tanto la apariencia diplomática como la política norteamericana desde los años 70.

No hay relaciones oficiales con la isla, la poca China no comunista, para no molestar a Pekín. Le ha dado igual: ¿cómo no voy a atender la felicitación de alguien a quien vendemos millones en armas?

Queda escrito en Twitter para la posteridad. Firmado, Donald Trump. Al nuevo presidente de Estados Unidos le resbala la idea de soberanía que tiene la dictadura comunista y la política de la apariencia de una sola China practicada por sus predecesores en la Casa Blanca. Y así durante los próximos cuatro años. Sin anestesia. Como para perderse un solo segundo del espectáculo.

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