ANÁLISIS

Juan Pérez de Mungía: «Seamos Francos»

Juan Pérez de Mungía: "Seamos Francos"
La Cruz y el Valle de los Caídos. VC

Cuando una momia se desentierra se lleva al museo y el visitante se representa un cuerpo y aporta su significado. Pasa con cualquier muerto. Una muestra sublime de expresión de dignidad es no convertir al vivo que fuera en cosa, cuando cosa es. Es la edad de la reliquia la que determina su exposición. Y la reliquia es la división del cuerpo en múltiples memorias. Al contrario que los muertos bien muertos, las reliquias son eternas para la memoria de los vivos. Desenterrar un dictador de su cripta no tiene mayor sentido si es para llevarlo a otro lugar y no tiene mayor sentido incentivar el turismo al lugar de destino. Revivirlo. De ahí la necesidad de destruir el cuerpo del sujeto mitificado. ¿Pero quien no querría ver el cadáver de Hitler para que el futuro no ignore sus actos y su trayectoria y saber que su historia no fue inventada?. Stalin desapareció del mausoleo y ahora en Rusia existen mas estalinistas que en tiempos de Stalin. Putin es un vivo ejemplo. Más fácil sería apostar por el olvido, como de tantos dignos y encomiables prohombres y promujeres de nuestra historia enterrados en las naves eclesiales. Pisamos tumbas de desconocidos y se acumulan los papas cuya historia se extinguió enlazando el pasado ignominioso con el presente ignominioso.

Al Valle de los Caídos se va para visitar un monumento, realizado por el esfuerzo humano, la gloria del esclavo y la gloria del que se creyera libre, porque es el lugar donde yacen las dos Españas para que no vuelvan quienes quieren desenterrarlas. Una lápida con sus nombres sería el mejor testimonio y el mejor homenaje, porque nadie es enterrado por su voluntad en el lugar donde yace. Pero no, quienes aspiran a controlar el futuro eternamente, desentierran a los muertos para sentarlos en la tribuna de sus jueces populares, como hiciera el Papa Esteban VI con el Papa Formoso I, desenterrado para ser juzgado, como cadáver. Los podemitas y sociatas suceden a Lamberto Spoleto en el mismo empeño. Franco que levantó la mano oportunista frente a Hitler merece peor destino que quien levantó la mano por convicción, Jose Antonio Primo de Rivera como víctima, y ahora resulta Franco post mortem vencido por los vencidos del puño levantado. Como no entrar en el delirio del desentierro y caminar de un cementerio a otro, trasladar a nuestros muertos para que no lo sean de nadie. Decretar el olvido de la historia para que no se sepa a cuantos deberíamos recordar por sus juicios sumarísimos. Sépase que el traslado no será menos promiscuo que el olvido. ¿Cuantos desencantados querrían reposar con sus enemigos? Y, ¿cuantos querrían no ser olvidados por quienes se decían sus amigos? Sánchez quiere convertir toda la piel de toro en una morgue mental monumental.

Hay algo que no funciona en el país de los sociatas; no tienen ni historia ni país, tienen un estado plurinacional imaginario, un pluripaís de sueldos públicos de cargos inútiles, un batiburrillo y un galimatías descomunal a la altura de su propaganda. La ciencia de la gobernanza no requiere más habilidades que dedicarse a lo que es urgente pero los corifeos sanchistas confunden la urgencia con el 112. Y lanzan decretos-ley para evitar la discusión pública. Asisten incólumes al suicido ajeno y si el suicida amenaza con sobrevivir le envían al psicólogo para que le ayude en su deriva. ZP2 presenta alteraciones múltiples, pretende encarnar en su delirio a un pais que solo existe en su cabeza. No ha tenido momentos de desasosiego, ni inquietud alguna, quiere un pais como su gobierno. No existe en La Moncloa un diván para la restauración psíquica de su inquilino. Necesita un psiquiatra indigno del CIS, como el Sr. Tezanos, un vuelo acrobático en un Falcón gubernamental, un concierto de Eagles que le sustraiga por un instante de su fantasía. Ahora todos los viajes se protegen con la estampilla del secreto oficial, no sea que un secreto de Estado pueda ser conocido, la barrera infranqueable a la transparencia que protege al ciudadano frente al sátrapa de turno.

Franco fue un dictador, ni lo puso en duda el propio Franco, cuando declaró a España como Reino en 1947. Todo atado y bien atado. Ahora bien, no debemos olvidar que los hijos de aquella dictadura alumbraron una democracia, imperfecta, como todas las democracias y remover el pasado no tiene mayor sentido que el sinsentido del Estado en que vivimos. Muchos, si supieran, podrían añorar el crecimiento económico del franquismo para el raquítico crecimiento económico procurado por esta democracia de cargos impúdicos. Deberíamos remover todas las tumbas de cualquier canalla, de cualquier gobernante manchado de sangre, como Companys, de cualquier servil justiciero asesino, como de aquellos que fusilaron a Torrijos por invocar la libertad. ¿Por qué no proponer que cambie la tumba de Napoleón Bonaparte, dictador tiránico cuyas guerras causaron la muerte de millones de personas, el dictador que se aupó sobre los restos de la Revolución Francesa? Un ejército innumerable de indeseables podría transitar entre cementerios para un último homenaje de repulsa de los vivos, ahora que cualquier delito canalla deja mudos a los ciudadanos de pueblos y ciudades. La táctica de Sánchez es calentar el ambiente como lo hiciera Zapatero porque el desorden y la inquietud colectiva les favorece, para luego andar tocando los impuestos, regalar prebendas a los laceros catalibanes, transferir toda la pasta alemana posible al sátrapa marroquí que nos envía cal viva a través de la frontera, y seguir en esa deriva impositiva que alimenta a fuerza de talonario los estómagos agradecidos de quienes solo viven por el conchabeo socialista.

Franco no ha muerto nunca y si acaso murió hay que resucitarlo porque estos que se llaman gobernantes se pasan todo el día llamando a la puerta de su sarcófago para que los fantasmas del pasado orienten la brújula electoral. El socialismo al uso solo sabe imantar la aguja para orientar el voto y equivocar al votante en las urnas. La solución de este país, de este querido país pasará por la autodestrucción pactada con sus amigos forales y por aquellos que quieren redistribuir en sus haciendas, los beneficios que proporciona la ideología de masas. Pillados en el brete de repudiar la dictadura y no consentir con el arbitrismo sanchista tiene mudos a la oposición.

Aquellos vestigios del pasado reviven nuevamente entre nosotros y el mausoleo vuelve a estar de moda, no ya como monumento a la barbarie sino como espléndido homenaje a un tiempo de guerra y sin sol. Como se indica en el frontispicio de las capillas, «Aquí yacen los muertos por España y por Dios». Los muertos nunca lo son por estas causas. Solo falta que encuentren la tumba de Indibil y Mandonio en homenaje a los campesinos leridanos para que reposen junto a Companys y Jordi Pujol cuando nos abandone. Seamos francos, pero francos de la Francia imperial que tiene una República Monárquica por Estado y no una Monarquía Republicana como la española. Allí en nuestro vecino país ya se deshicieron del lastre socialista y entierran a sus muertos, sean los que sean en el centro de su República, junto al Sena, en los Inválidos y en Normandía.

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