Análisis

F. A. Juan Mata Hernández: «¿Qué le ha hecho España al PSOE para que nos mande a Sánchez?»

F. A. Juan Mata Hernández: "¿Qué le ha hecho España al PSOE para que nos mande a Sánchez?"
Pedro Sánchez (PSOE) en TVE. EP

¿Es que no tenían ustedes a nadie más por ahí? ¡Aunque no fuera doctor, oiga!

En los momentos de tranquilidad que me tocan vivir estos años, que no son muchos, suelo pasear con algún amigo mientras comentamos fundamentalmente noticias de política o de deportes, y en ocasiones, ya sentados ante una bebida con su aperitivo, nos ponemos trascendentes, recordamos nuestra pequeña historia, y añoramos aquellas aventuras de guateques y partidos gloriosos. Indudablemente hay siempre algo valioso en la vida de todas las personas y yo dudo que el doctor Sánchez vaya a ser una excepción. El problema es que, por mucho que lo intento, me cuesta trabajo encontrarlo.

Ahora, tras el éxito de la manifestación de repulsa que le dedicamos doscientos mil madrileños en la plaza de Colón, tendrá algo más claro que ya no sirve el juego de ocultarse entre lazos amarillos independentistas para justificar su irregular estancia en la Moncloa. Es evidente y humano que de entre todos los afectos que sentimos, el amor a uno mismo suele situarse en lugares de privilegio. Pero, cuando esto se exacerba se denomina egolatría y así se podría definir el sentimiento que refleja la actitud de un Presidente, no elegido, que llegó al Gobierno sin ser diputado y con apoyos variopintos poco recomendables. No sería ético aferrarse al poder a costa de denigrar a los que sentimos y amamos a nuestro país.

Mi amigo, José Manuel Díaz, tuvo que emigrar a Canadá pero nos comunicamos de vez en cuando y él sigue muy interesado en lo que ocurre por aquí. A lo mejor espera que algo cambie, pero no para traer gobiernos como el suyo, señor Sánchez, que anticipan años muy nublados; más bien desearía que cambiara el talante y la categoría de nuestros gobernantes. Quizá para no tener que traer un robot que nos dirigiese, como yo sugería hace poco, o para que no le lleguen las instrucciones envueltas en lazos amarillos de los golpistas catalanes. Últimamente nos sugería que copiáramos lo bueno que se ha encontrado por ahí:

«Copiemos» insiste tenaz «Vivo en Canadá y aspiro a vivir itinerante entre Madrid y British Columbia. Desde esta atalaya observo perplejo el modo en que un país tan increíble como el nuestro es capaz de pulsar lentamente el botón de autodestrucción. Les propongo desde aquí una sencilla solución: Copiemos a los mejores».

Desde luego, la propuesta de mi amigo José Manuel no es la ideal. Al que copia en un examen se le suspende, y al que lo hace en un libro o una tesis se le podría calificar de plagiador. Y si bien es cierto aquel dicho latino «nihil novum sub sole» -no hay nada nuevo bajo el sol-, lo que ya se ha creado sienta las bases para que otros construyan sobre ello, la civilización no habría avanzado sin esa premisa. Así que algo de razón podemos darle al que nos observa desde Canadá.

Su propuesta podría servir como punto de salida. En realidad hay ejemplos recientes que demuestran cómo se puede crear una industria puntera comenzando a copiar lo mejor que habían hecho hasta ese momento los demás. China y antes Japón, podrían ser buenos ejemplos de ello. Pero después han puesto codos sobre la mesa y han potenciado la enseñanza para hacer surgir a inventores, investigadores y científicos punteros que transformaron su industria en innovadora, eficiente y competitiva.

Llegados a este punto y tornando al inicio, yo propongo que si de la investigación que está haciendo el Senado se deduce que nuestro Presidente no es un digno doctor por haber cometido un plagio o varios en su tesis, dejara de inmediato el cargo, como ya hizo alguno de sus ministros y como es costumbre hacer en las democracias más avanzadas, a las que mi buen amigo propone copiar.

Aunque no todo va a ser sonrojo por imitar a los demás. También José Manuel encuentra a faltar valores cálidos allí en Canadá, quizá porque está en una civilización más fría, y no sólo en lo climatológico. Añora, me dice, el valor que le damos nosotros a la amistad, al gusto por lo bien hecho, a la gastronomía, a la familia, o a ese disfrute de la vida que no ha encontrado en ningún otro lugar del mundo con tanta intensidad. Porque nuestro país es, de momento, uno de los mejores lugares para vivir. Y nadie tiene derecho a destruir nuestra convivencia con relatos de ciencia ficción, o «relatores» que vayan a escribir sus «historias para no dormir».

Estoy seguro que en el PSOE encontrarán un repuesto que comprenda estos valores y mire por el interés de todos los ciudadanos; alguien que sienta más a la España social, a la de Felipe González, sin ir más lejos. Al socialismo con mayúsculas que abogue por un presupuesto distributivo para que las regiones más necesitadas, como Asturias, Extremadura, Andalucía o Canarias no estén siempre a remolque de otras más pujantes. No vive el socialismo, quien renuncia a sus principios porque necesita sobrevivir en el gobierno con el apoyo de los que amenazan a España.

Cabe, al respecto, observar que como dice el refrán español «donde las dan las toman» ningún acto, si no se gobierna por criterios generales, o sea por todos y para todos, deja de tener siempre un efecto boomerang. Y es que cuando uno se empeña en profanar la tumba del padre o abuelo de otros, es muy probable que otros terminen por hacer lo propio con las de los allegados de aquél. Y ambos actos, uno y otro, son igual de indignos. Y me pregunto yo ¿qué culpa tiene doña Lola Ruiz-Ibárruri, nieta de La Pasionaria, del empeño obsesivo del doctor Sánchez en profanar la tumba de Franco? Pues decididamente ninguna, ya que tan execrable y falto de sentido es ese acto contra los restos de una histórica del PC, que ni siquiera es del partido que nos envió al doctor que nos preside, como el que quiere cometer el Gobierno del PSOE con los restos del General.

Puestos así, esto puede acabar en una guerra de guerrillas por los cementerios madrileños y no tiene ninguna gracia.

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