Érase cierto país,
en inestable equilibrio;
un sabio muy peculiar
por el Gobierno elegido,
al igual que los del tiempo
trató de ser adivino.
Según recababa datos,
más cerca del precipicio
contemplaba a su nación
en manos de un enemigo
decidido a destrozarla
por los siglos de los siglos.
Era el Gobierno, corrupto
sus miembros se hacían ricos
con toda clase de trucos
con toda clase de timos.
Incompetente absoluto,
totalitario el dominio
de los Medios, pues que todos,
estaban a su servicio,
sus más rotundos fracasos
por triunfos eran vendidos.
Y buena parte del censo
arteramente abducido
era suyo hasta las cachas,
neciamente convencido
de que aquel ir cuesta abajo
era el mejor progresismo.
Sus socios, a cuál peor
no eran menos destructivos
y para colmo de males,
eran teledirigidos
desde una Unión Europea
que los tenía cogidos
por salva sea la tarde
cada vez más oprimidos
de no sé Extraño Poder
trabajando a su servicio.
Esta fue su conclusión,
tras cocinar el cocido:
“Maravilloso el futuro,
tras un presente magnífico;
En cuanto a la economía
¡como nunca había crecido!
Libertades y derechos,
nunca hasta ahora se han visto
tan al alcance de todos,
por recios y protegidos.
Y, además, la ultraderecha,
cuán gritan estos malditos,
la tenemos controlada
y no presenta peligro.”
Este sorprendente texto
constituyó el ejercicio
sobre el que se examinaron
los estudiantes de Quinto.
Se les pedía, primero,
con nombre y dos apellidos
quién fuera autor del engendro
tan falazmente parido.
También debían decir
qué país había sido
protagonista del caso
de tal modo retorcido
el sentido de los hechos
a que concluyera el tío
que lo negro ahora era blanco
y al pobre lo hacía rico.
Pues bien, amigos lectores,
yo les propongo lo mismo.
Tiren de imaginación
y acierten el acertijo.
Para mi, que, si se ponen
resultará muy sencillo.
Para terminar recojo
comentario divertido
de aquel alumno que fue
en respuesta, más preciso:
“Pronto habrán de ayunar mierda
por vacío el intestino.
Sólo falta que les digan,
amigos ¡buen apetito!”
Ni qué decir, resultó,
con un cero, suspendido.
