Ni se hace todo lo que se cuenta, ni se cuenta todo lo que se hace.
Al final, todo forma parte de la sucia liturgia apátrida, de las apariencias y las máscaras que disfrazan la verdad.
Tan solo el correr de los años, irá liberando el ´ser´ de las cadenas del qué dirán, hasta llegar un día en el que, encanecido y sin tener ya nada que demostrar, nada que perder ni ganar, y ajeno a la validación social, pueda ser él mismo.
Cuando lo correcto sea lo que debió ser, y no lo que nunca debió pasar.

