Tiempo de nacer; tiempo de crecer; tiempo de vivir…; tiempo de morir.
Tiempo sin tiempo, mientras la memoria atardece y piensas más en lo que dejas, que en lo que la vida te ha dejado.
Tiempo de soñar; tiempo de volar, a ti te hablo, espíritu libre del cuerpo desencarnado.
Tiempo de marchar y que la nieve amortaje tus huesos con un sencillo manto blanco.
Tiempo de cerrar los ojos y pensar que, si al final a esto se reduce la vida, la muerte tampoco es para tanto.
Alma peregrina, tan errante como antigua, por la eternidad vagando.

