La sugestiva figura de Mario Conde me recuerda la del Conde de Montecristo. Ambos víctimas de una confabulación conspirativa de juristas, banqueros y políticos que les lleva a prisión casi desesperada pero luchadores que no se dejan vencer.
Demuestran su entereza moral para sobrevivir y vuelven fortalecidos por el sufrimiento desde las sombras a la vida civil para recuperar su honor lastimado y su razón de ser para vivir.
Barruntamos el albor de un importante cambio político pues resulta muy probable que el gobierno de Rajoy fracase, cosa que era de prever tanto por el personaje como por la imposibilidad de reconducir una situación lamentable que no es producto tanto de errores de gestión cuanto de su politeia o estructura de poder.
Se trataría del penúltimo cartucho de un Régimen corrupto, despilfarrador, destructivo de la Nación española e inepto, que ahora incluso acoge como refuerzo a ETA dentro su aparato de Estado, el mismo que otrora condenó a Mario Conde.
Después de Rajoy queda la alternativa de un gobierno de concentración en el que los beneficiarios del Régimen cada vez más caduco y deslegitimado intenten salvar sus privilegios a costa de empobrecer o incluso hambrear al pueblo.
El Estado contra la Nación y la sociedad. Luego quizás un gobierno de «sálvese quién pueda» acaso con declaraciones unilaterales de independencia incluidas. Un inquietante horizonte de ruina y desolación, objetivamente revolucionario.
Tal escenario futuro es probable, si bien en España cualquier cosa puede pasar. Incluso que no pase nada hasta que pase, de modo súbito por cualquier factor desencadenante, menor en apariencia. Ahí está el ejemplo clásico del motín de Esquilache.
En otros tiempos, antes de la discutible y discutida intervención de Banesto, cuando la corrupción del socialismo felipista andaba desbocada, el PP tenía un líder acomplejado con escaso carisma y Mario Conde era un empresario de éxito y líder señero de la sociedad civil española, ya se había especulado con que la asociación Foro, cuya cabeza visible era Punset, pudiera transformarse en un partido político embrionario desde donde influir en la Política de modo directo.
Para colmo, Mario Conde había sido recibido casi como un Jefe de Estado por el Papa que le dedicó una hora de audiencia privada, honor del que sólo recuerdo el precedente de otro ilustre masón español, don Emilio Castelar, ex presidente entonces de la Primera República. Y también, en importante viaje a Israel por la flor y nata de las finanzas internacionales y la Masonería anglosajona.
Tales señales de reconocimiento y poder real en dos importantes plazas internacionales sin embargo tuvieron un efecto opuesto al deseado. El Régimen se asustó ante alguien a quien no podía controlar ni chantajear y buscó la manera de hundirlo.
Según se va sabiendo es posible que Mario Conde pueda recuperar ahora esa intervención directa en la Política española. De confirmarse esta posibilidad, con Sociedad civil y Democracia en el papel del antiguo Foro, sería a principios del otoño cuando la situación social española se encuentre inmersa en gran conflictividad. Paradojas de la Historia, entonces el conde de Montecristo podría volver a escenificar su resurrección magistral y acelerar la deslegitimación y cambio radical desde dentro del injusto sistema político que le condenó.
Sin embargo, el estar y el no estar a la vez, tan propio o tópico del carácter gallego, no parece que sea buena idea como ya reveló el fracasado precedente citado de Foro. Don Mario acaso debiera revisarla. Si de verdad desea pasar a la acción política más vale que lo haga de modo personal directo y con todas sus armas, que espiritual e intelectualmente son muchas.
Si cree que no merece la pena desde el punto de vista personal, lo que también resulta una postura muy respetable, puede permanecer en el marco de la sociedad civil, escribiendo o interviniendo en medios de comunicación. Pero, insisto, no creo que sea bueno lo de las medias tintas. Estar y no estar. Ni tampoco ciertas compañías.
Pero cada vez va calando más en la opinión publica que el verdadero problema no es el gobierno sino el propio Régimen. Un régimen en el que reina la hipocresía, la ambición, la codicia, ayudada por la injusticia, hasta representar hoy un obstáculo a las posibilidades de desarrollo humano. Y que en consecuencia debiera ser superado.
¿Podrá influir Mario Conde en tal superación?


