La niña de Rajoy.

MADRID, 05 (OTR/PRESS)

A escasas horas del debate que enfrentará a Rubalcaba y Rajoy, más de uno seguro que recuerda esa niña que mencionó el líder del PP en la anterior campaña frente a Zapatero.

Pues bien, la niña de Rajoy debe haber cumplido ya los 16 años y, cosas de la vida, se ha quedado embarazada. Esto es algo que pasa en las mejores familias, independientemente de su posición social, de su nivel cultural y de sus tendencias políticas. Y, sobre todo, algo que sucede cuando la educación recibida, tanto en el colegio como en la propia familia, ha pasado de puntillas sobre el tema de la sexualidad, la prevención, los anticonceptivos, todo aquello que una adolescente debe saber para evitar, o por lo menos disminuir, la posibilidad de un embarazo no deseado. Esas cosas que deberían explicarse en las clases de educación para la ciudadanía y que si se explicaron no le sirvieron de nada a la citada niña porque ella no asistió a clase.

Y es que sus padres, muy estrictos y muy de orden, estaban convencidos, o fueron convencidos, de que esa era una asignatura perversa y totalitarista, por lo que decidieron objetarla y consiguieron que el Tribunal Superior de Justicia de su comunidad, alejándose del dictamen del Tribunal Supremo, reconociera el derecho de los padres a objetar la asignatura, argumentando el conflicto ideológico que supone el que sus hijos recibieran una educación contraria a sus creencias religiosas, éticas o morales.

El caso es que la niña de Rajoy tiene un miedo insuperable a dar a sus padres la noticia de su embarazo: auténtico pánico. Y no por la angustia de no saber cómo se lo iban a tomar, sino porque les conoce y sabe perfectamente como se lo iban a tomar. Y, sobre todo, porque en la estricta educación sobre valores morales que recibió, no se incluía la confianza que debe presidir la relación entre padres e hijos. Por todo ello; por ese miedo insuperable que le produce la reacción de sus padres, la niña de Rajoy ha decido abortar sin decírselo.

Amparándose en la nueva ley que sitúa la mayoría de edad para abortar en los dieciséis años, y que les permite hacerlo sin advertir a sus padres, solo en el caso de que se sientan coaccionadas o que sufran violencia familiar.

Ese parece ser uno de los aspectos que los populares van a modificar en la nueva regulación del aborto que se aprobó en el Congreso. Pero la indefinición del programa electoral es tan deliberada, en este y otras reformas de carácter social, que todo aquello que huela a polémica se ha cubierto de un velo de imprecisión que solo se desvelará si ganan las elecciones y con la mayoría suficiente como para dar un vuelco a toda una legislación que, en materia de libertades, habían aprobado los socialistas.

Tampoco podrá la niña de Rajoy, aunque no está claro, comprar en las farmacias y sin receta la píldora del día después que le habría evitado el sufrimiento de ese embarazo no deseado y sus terribles consecuencias.

Confiemos en que estas penalidades que le podrían suceder a la niña de Rajoy sean uno de los temas del debate del lunes. Y es que, en materia social hay demasiada niebla.

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