Las ocultas razones de un expresidente

Martín Beaumont: «Aznar jugó al despiste con Cospedal para pillar al PP»

No parece que vaya a acabarse pronto el desgarro que supone para el presidente la irrupción, como un elefante en cacharrería, de su antiguo líder

Martín Beaumont: "Aznar jugó al despiste con Cospedal para pillar al PP"
José María Aznar. PD

Fue Winston Churchill quien dijo aquello de que en política se muere muchas veces. No parece que vaya a ser José María Aznar quien le lleve la contraria. Razones tampoco le faltan. El ex presidente desembarcó el martes en Antena 3 con hambre de balón. Se notaba que llevaba tiempo calentando en la banda. –SIGA LEYENDO EN EL SEMANAL DIGITAL

Desde luego, el deslucido segundo plan de reformas del Gobierno era una buena muleta donde arropar sus ya antiguas cuitas personales con Mariano Rajoy y con la nueva dirección del PP: por haberle abandonado a su suerte con los papeles de Bárcenas, por maniobrar para que en 2015 su esposa, Ana Botella, no sea la candidata del partido en Madrid… en definitiva, por olvidar -desde un ya lejano mes de junio de 2008- que Aznar es el mito unificador del centro derecha español y el aznarismo el gran protagonista del milagro económico que condujo a España hasta el euro.

Ya se sabe lo importantes que son las cuestiones personales en política. Eso sí, siempre han de recubrirse de ideas y principios programáticos. De ahí que la decisión de Mariano Rajoy, año y medio después de llegar al poder, de continuar olvidándose de su programa electoral, a pesar de haber sido refrendado por casi once millones de votos, fuese una espita propicia para que un frío, inmutable y extremadamente calculador Aznar le echase una mano a su compañero Rajoy. Al cuello, claro.

Así es: el ex presidente dio voz con sus planteamientos al sentir de muchos dirigentes, militantes y votantes del Partido Popular descontentos y defraudados con el inquilino de La Moncloa. Aznar dejó claro que, si dependiese de él, viraría de rumbo: «El partido tiene una mayoría absoluta que le ha sido entregada por los españoles para que haga lo que tiene que hacer», dijo con rotundidad.

Ahora bien, no les falta razón a aquellos dirigentes populares que afean a Aznar no acudir a los Comités Ejecutivos del partido y sin embargo irse a una televisión, en horario de máxima audiencia, a darle caña a su Gobierno. Un aznarista de toda la vida como Juan José Lucas puso el dedo precisamente en esa dirección: «No representa a nadie del PP más que así mismo y nunca le he escuchado en el partido una intervención como la que tuvo» en Antena 3.

Ciertamente, las formas de José María Aznar son mejorables. Y sin duda la deslealtad a su sucesor le va a suponer un coste grande en una formación tan militante como el PP, donde tanto se valora la camaradería. Pero también es innegable que, en el fondo, el ex presidente popular estuvo cargado de razón y fue portavoz de lo que opina la gran mayoría de votantes de su partido.

Lo que además hizo Aznar fue pillar a casi todos sus compañeros con el pie cambiado. Al Gobierno y, por ende, al Partido Popular. Su crudeza les obligó a improvisar un argumentario de perfil bajo y, como siempre, poco elaborado. Sobre todo a la mismísima María Dolores de Cospedal, convencida como estaba en las horas anteriores a la entrevista de que el ex presidente sólo pretendía defender su honor frente a supuestos delictivos achacables a Luis Bárcenas. Hay quien asegura que la secretaria general se quedó a cuadros. Pero no fue la única, desde luego: el parte de cuanto ocurre en FAES parece llegar a La Moncloa y a Génova 13 antes por vía mediática que organizativa. Veremos las consecuencias que esto tiene.

Sea como fuere, las palabras de José María Aznar resonaron con fuerza en las cabezas de todos: «Yo me debo a mi conciencia, a mi país y a mi partido». Una frase para el mármol. Aunque, por si fuera poco, las circunstancias incuban algunas contradicciones peligrosas en dirigentes populares. Como, por ejemplo, las que atenazan en estos momentos a Luis de Guindos: el equipo económico del Ejecutivo se constituyó en torno al aznarismo y ahora pilota el país bajo el mando de Mariano Rajoy.

Tampoco el desgarro que supone para el presidente la irrupción, como un elefante en cacharrería, de su antiguo líder parece vaya a acabarse pronto. La sombra Aznar va a seguir gravitando sobre su liderazgo ahora ya inevitablemente. De momento, el próximo lunes reaparecerá en el Congreso de los Diputados para presentar un libro de Ignacio Astarloa. To be continued.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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