ANALISIS

Un día para defender a España: «¡A la calle!, que ya es hora de pasearnos a cuerpo»

Un día para defender a España: "¡A la calle!, que ya es hora de pasearnos a cuerpo"
España: Elecciones generales del 28 de abril de 2019. EP

Como escribió el poeta Gabriel Celaya  en sus ‘Cantos Iberos’ hace más de sesenta años: «Nosotros somos quien somos. ¡Basta de Historia y de cuentos! ¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos».

Los 36,8 millones de españoles llamados este domingo, 28 de abril de 2018, a votar en los 23.196 colegios electorales no afrontan una cita más con las urnas (¡Huele a remontada!: El centro derecha español hace una demostración de fuerza ).

Son unos comicios de trascendencia inédita, porque por primera vez concurren dos partidos de izquierdas de ámbito nacional, PSOE y Podemos, que se reconocen dispuestos a gobernar con el apoyo de los independentistas catalanes y de un partido proetarra (La TVE ‘soviética’ hace campaña por Pedro Sánchez en plena jornada de reflexión).

La propuesta de la izquierda española ante el envite separatista es otorgar más autogobierno a quienes nos desafían.

Si gana hoy, Sánchez incluso no ha descartado indultar a los golpistas que impulsaron en octubre de 2017 una abierta rebelión contra España (La carta de Policía y Guardia Civil al tramposo Sánchez: «Nos has dejado 5.123 euros por debajo de los Mossos»).

Los votantes deberán reflexionar también sobre serias consideraciones económicas. Pero la disyuntiva crucial será elegir entre unos partidos dispuestos a debilitar la unidad nacional y aquellos otros que tienen como prioridad defenderla.

Mal balance de un presidente poco fiable

La ejecutoria de Pedro Sánchez en sus diez meses no ha resultado positiva ni edificante (Begoña Gómez ha pasado a retocarse con el cirujano estético para reaparecer radiante con Sánchez).

Llegó al poder de la mano de los peores enemigos de España y con engaño, pues prometió elecciones inmediatas, pero se resistió a ellas, hasta que se vio forzado a convocarlas al destaparse que había ocultado a los españoles graves cesiones a Torra.

Sus promesas de regeneración se han saldado con el asalto más descarado a las instituciones del Estado nunca visto en la democracia reciente. Ha convertido organismos de todos, como RTVE y el CIS, en munición partidista.

Ha empleado el dinero público para costearse su larga precampaña. Ha mostrado un inesperado gusto por el lujo a expensas de las arcas del Estado y ha negado a Transparencia la información sobre sus viajes pagados con los impuestos de los españoles.

Dos de sus ministros tuvieron que dimitir por hacer trampas y otros tres fueron sorprendidos en amaños fiscales o societarios, aunque se han aferrado al cargo. Pero tal vez lo más grave de esta triste etapa haya sido la banalización de la verdad.

Ha intentado convertir la mentira en una práctica aceptable, como ocurrió con su tesis doctoral plagiaria, o como ha sucedido en el segundo debate, cuando aseguró mintiendo con descaro que la carta de un particular era un documento oficial de la Junta de Andalucía.

Por último, ha acreditado que está dispuesto a poner en solfa la unidad de España si con ello logra aferrarse al poder. Sánchez no es fiable.

Un riesgo para el bolsillo

El PSOE y su socio, Podemos, resultan nocivos para la economía. Ya lo están demostrando, pues los datos han empeorado con su llegada. La prudencia en el gasto no entra en su vocabulario. Insólitamente, la campaña ha discurrido sin que Sánchez haya abordado el problema de la deuda.

Su propuesta económica consiste en castigar con más impuestos a las empresas, particulares y familias que han logrado prosperar a golpe de esfuerzo y talento. En la última semana, las encuestas favorables a Sánchez han provocado un repunte en la prima de riesgo.

Los españoles deben elegir entre más impuestos y más gasto imprudente u optar por quienes ofertan rebajas fiscales y responsabilidad contable. Porque Sánchez tampoco es fiable en economía.

La opción más clara para relevar a Sánchez

El arco del centro-derecha y derecha se presenta dividido en tres formaciones, con un riesgo cierto de que la fragmentación beneficie a Sánchez.

Cada una de las tres opciones conservadoras ofrece sus puntos positivos. Ciudadanos dio la cara por la unidad de España en Cataluña y aporta una bocanada de aire fresco. Vox es el partido que más hincapié hace en plantear batalla sin cuartel contra el separatismo y la ingeniería social de la izquierda.

En cuanto al Partido Popular, a día de hoy sigue suponiendo la mayor garantía para lograr el primer objetivo de los votantes conservadores, que es relevar a un PSOE que juega con la unidad de España y su prosperidad.

La apelación al voto útil no es hoy un tópico. La dispersión podría llamarse cuatro años con Sánchez, la izquierda más populista y los separatistas. Un drama para España.

Pues eso, parafraseando de nuevo a Celaya: 

«¡A la calle!, que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo».

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