Revive la operación 'Acoso y Derribo'

Mariano Rajoy revive sus años de plomo: varios diputados se conjuran contra él

Se ha instalado en el seno de la cúpula del PP la convicción generalizada de que se abre la veda contra el presidente del Gobierno y las sospechas no son infundadas

Mariano Rajoy revive sus años de plomo: varios diputados se conjuran contra él
Mariano Rajoy. EP

Dicen que las victorias tienen muchos padres y las derrotas, sin embargo, son huérfanas. ¿Un tópico? Claro. Como que las próximas europeas van a poner a prueba la solidez del Gobierno.

Han sido dos años muy largos desde las elecciones generales y toca saber cómo está de verdad el ánimo de los españolitos de carne y hueso.

Pero, recalco: de verdad. O sea, como se miden las verdades en democracia: en las urnas, y no mediante sondeos y manifestaciones de parte.

Naturalmente, la interpretación en clave nacional de los resultados pasará por medir la resistencia del PP de Mariano Rajoy en estos tiempos que -nadie lo niega- son convulsos.

Si el Partido Popular salió de su Convención Nacional del pasado fin de semana en Valladolid con las pilas cargadas -y ya se sabe: en las democracias mediáticas lo importante no es lo que es sino lo que parece-, la sospecha de la vuelta a los lunes negros que parecía ser cosa de otros tiempos ha vuelto a instalarse en el ambiente de Génova 13.

El nacimiento del partido Vox, abanderado ahora mismo por Alejo Vidal-Quadras, el paso atrás de Jaime Mayor Oreja, la irrupción como si de un revival fuera de María San Gil o la fuga filipina de José María Aznar han alentado un nuevo intento de desestabilización de Rajoy.

La presidenta de los populares vascos, Arantza Quiroga, con sensatez y sin aspavientos -tal como es ella-, lo ha expresado públicamente: «Mi percepción es que sí». Se refería a la denuncia del secretario de Justicia del PP, Iñaki Oyarzábal, sobre una campaña interna de acoso y derribo contra su presidente.

Y la inestabilidad interna sería difícil de embridar si hay un retroceso electoral faltando sólo un año para las elecciones municipales y autonómicas. El ruido en el centro-derecha (no hace falta ser un futurólogo) aumentaría muchos decibelios.

Se ha instalado en el seno de la cúpula del Partido Popular la convicción generalizada de que se abre la veda contra el presidente del Gobierno.

Tales sospechas no son infundadas y destacados dirigentes del Grupo Popular me reconocían a orillas del frío río Pisuerga que mantienen la alerta sobre un puñado de diputados rebeldes que podría formar parte de la «conjura amplia y concertada» contra el liderazgo de Mariano Rajoy.

Así las cosas, creo sería más interesante y leal que, en vez de jugar a la contra, unos y otros elaborasen una doctrina y dejaran claro, a cara descubierta, que su objetivo es «otro PP» que el del marianismo, y no «el mismo PP» pero con un líder debilitado al que poder manejar.

Porque en política, si no estás dispuesto a defender tus posiciones, no te comes un colín.

Y en eso hay que reconocerle valentía a Esperanza Aguirre, que ejerce sin esconderse el papel de crítica oficial del partido.

Antes de aterrizar en la Convención de Valladolid, la lideresa madrileña negó alto y claro la derrota de ETA que sostienen en su partido.

Después, la presidenta regional del PP se dio un baño de multitudes en el centro cultural Miguel Delibes. Recibimiento de superstar política de esos que ya les gustaría a otros líderes de su partido: ágora llena hasta la bandera para seguir el mano a mano de Aguirre con Luis de Guindos y su decálogo de medidas para acabar con la crisis, un guión de recetas liberales empezando por la reclamada bajada de impuestos.

Y sus intenciones están claras. Vean si no el mensaje de Aguirre esta misma semana en Twitter respecto al majadero casting para elegir el cabeza de cartel del PP de Andalucía: «La militancia es quien debe elegir al candidato que puede conseguir más votos. Ya está bien de tanto dedo divino». Blanco y en botella.

La cúpula de Génova 13 cruza los dedos para que la crisis y los líos internos no afecten al voto. Sabe bien que los españoles castigan la división más que cualquier otra cosa. Si bien con cerrar los ojos el problema no desparece.

También es consciente de que la fatiga por la política reformista del Gobierno es muy amplia en el partido y que el desdén con que ministros y ministrillos han tratado a quienes les han colocado en sus despachos -y se parten la cara cada día por ellos en las calles españolas- no permite ser optimista.

La unidad desplegada por el marianismo en Pucela es un primer paso para trasladar su deseo de no volver a pecar… aunque ahora le queda todavía decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia.

 

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Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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