'REGALO INESPERADO'

Rajoy aprovecha un error de principiante de Sánchez para vapulearle

El líder de la oposición eligió un debate de barro y no de guante blanco y lo pagó muy caro, porque enfrente se encontró a un presidente inmisericorde

Rajoy aprovecha un error de principiante de Sánchez para vapulearle
Pedro Sánchez y Mariano Rajoy. EP

No me busques o me encontrarás. Se lo debió advertir Mariano Rajoy a Pedro Sánchez antes de que el socialista subiera a la tribuna del Congreso, para al menos darle la opción de salir con vida. Pero no lo hizo y éste se metió solito en la boca del lobo.

Poco dura la alegría en casa del pobre. Al líder de la oposición le duró justo lo que su primera intervención, en la que disparó todo su arsenal. Desde Luis Bárcenas al rescate bancario y el plasma, pasando por la precariedad laboral y la subida de impuestos.

Sobreactuó Sánchez desde el principio, empujado por la enorme presión que sufre desde dentro y fuera de sus filas. Intentó dar tanta carnaza a la bancada del PSOE que se le fue de las manos. Y ésa fue su perdición.

El duelo entre ambos fue, dicho sea, lo que quiso el socialista. Sánchez eligió el barro en lugar del guante blanco y sólo le faltó salir del hemiciclo en camilla. Porque se encontró enfrente un presidente inmisericorde con muchos años de experiencia parlamentaria y pocas contemplaciones.

«Usted piensa más en el señor Iglesias -en alusión al líder de Podemos- que en los problemas de España», empezó Rajoy su réplica. «Usted es el secretario general del Partido Socialista Obrero Español, debería tener más nivel en sus intervenciones».

«Cómo me habla usted de corrupción cuando tiene diputados y senadores imputados». «No vuelva a hablar de empleo. El PSOE no puede volver a hablar de empleo en muchos años». «Su discurso no es lo propio de un partido que quiere ser alternativa de Gobierno. Incluso se lo podía haber escrito yo criticándome a mí mismo», le dijo con socarronería.

Pudo el socialista antes de subir por segunda vez al estrado haber mostrado la bandera blanca, pero en lugar de eso optó por salir al ataque de nuevo. «Son ustedes los que no tienen vergüenza», afirmó mirando al tendido popular.

Sánchez cometió un error de principiante, uno que a la postre resultó fatal: leyó toda la réplica. La llevaba escrita palabra por palabra. Hasta párrafos subrayados se adivinaban en sus papeles. Y claro, cuando le llegó nuevamente el turno a Rajoy le ridiculizó: «Esa réplica que traía por escrito… Por lo menos que le hagan una intervención razonable», afirmó entre carcajadas de los diputados del PP.

«Yo no traigo la réplica escrita. La tengo que escribir sobre la marcha ahí», añadió señalando su escaño. «Al que le haga la segunda réplica dígale que se esmere más». «Yo me lo tomo a usted bastante más en serio que los suyos». «No vuelva usted a decir nada. Ha sido patético». Lo dicho: sin piedad.

Rajoy sin piedad y el PSOE sin sentido de la derrota. Porque todavía el número dos del partido, César Luena, salió del hemiciclo repitiendo una y otra vez: «Objetivo conseguido». Según él, Pedro Sánchez logró «desmontar la propaganda del Gobierno». No hay más ciego que el que no quiere ver.

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