El líder de Podemos se lleva un baño de críticas por hablar de la España edificada sobre "el privilegio"

Apalean a Pablo Iglesias por ‘defender’ la España rural desde su chalet en la Sierra

Apalean a Pablo Iglesias por 'defender' la España rural desde su chalet en la Sierra
Irene Montero, Pablo Iglesias y el suntuoso chalet en Galapagar de los dirigentes de Podemos. PD

El líder de Podemos se lleva un baño de críticas por hablar de la España edificada sobre «el privilegio» con decenas de ciudadanos recordándole que él es el primero en disfrutarlo (Las zarpas de Sánchez e Iglesias son una ruina: el terrible dato que hunde los Telediarios de TVE).

Seguramente Pablo Iglesias empieza a acostumbrarse a lo que, probablemente, resume mejor que nada su caída en los pronósticos electorales: cada crítica que hace, cada denuncia que formula, cada agravio que señala… es respondido sistemáticamente recordándole su caso personal (¿Dónde vas, Pablo Iglesias? ¿Dónde vas, triste de ti? El líder de Podemos transmite tanto hartazgo en los medios que se vaticina un descalabro electoral mayúsculo).

Sea más o menos justo, lo cierto es que el fenómeno es abrumador y coloca al secretario general de Podemos en una situación muy delicada: si no habla de nada, parece un líder desaparecido (La guerra entre Ferreras y Pablo Iglesias se pone al rojo vivo: el podemita le mete desde Antena3 y el director de laSexta responde con todo).

Y si lo hace, le sacan a pasear una evidencia: quien subió como la espuma a lomos de las promesas de mejora para «la gente», sólo ha logrado conseguir ese objetivo para sí mismo.

El último caso se ha manifestado, con estrépito, este domingo, con motivo de la manifestación en Madrid en defensa de la «España vaciada», ese inmenso solar patrio de millones de hectáreas despobladas, rurales, a menudo olvidadas y desatendidas que refleja, sin embargo, el alma del país.

De todo ello habló Iglesias en un tuit que se le ha vuelto en contra: bastó que hablara de la «España edificada en el privilegio» para que una legión de tuiteros con el colmillo retorcido le recordara que, puestos a buscar privilegios edificados, bastaba con pararse en Galapagar, el precioso pueblo serrano de Madrid donde los se han recluido, en una enorme mansión con casa para invitados y piscina, desde la que disfrutan de selectas vistas a la Sierra.

La secuencia de respuestas al mensaje inicial del líder podemita no tiene precio y sugiere un problema ya endémico para él y difícil de levantar: ¿Podrá hablar alguna vez, en el futuro, de sueldos precarios, vivienda de barrio, privilegios políticos o cualquier cosa sin que le saquen a paseo su estatus personal y el de su pareja?

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