Hay inviernos que piden más que abrigo. Piden lentejuelas.
El Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria sopla 50 velas y lo hace con la ciudad transformada en Las Vegas. Desde el 23 de enero hasta el 1 de marzo, la capital grancanaria despliega más de cuarenta actos oficiales. No es solo una fiesta. Es medio siglo de historia, resistencia y creatividad desbordada .
Si aún dudas si merece el viaje, aquí van seis razones actualizadas —algunas muy curiosas— que igual te ayudan a decidir.

- 1. Las Vegas en el Atlántico (sin necesidad de avión a Nevada)
- 2. Quinientos años de lío… y 50 de libertad
- 3. Ocho horas de desfile y 7 kilómetros de fiesta continua
- 4. La primera Gala Drag Queen de España (y sigue siendo única)
- 5. Reconocimiento mundial (y solo dos en Canarias)
- 6. Perros ganadores y viudas en tacones
1. Las Vegas en el Atlántico (sin necesidad de avión a Nevada)
Este año la temática es «Las Vegas». La han elegido los propios carnavaleros. Significa brillo, juegos de luces, casinos y exceso a lo grande. El escenario principal, el parque Santa Catalina, ya huele a apuesta alta. Y ojo, porque la madrina de lujo es Olga Tañón. La cantante puertorriqueña ya ha puesto a bailar a miles en ediciones anteriores. Ella será la embajadora de este medio siglo .

2. Quinientos años de lío… y 50 de libertad
Que cumpla 50 años no significa que empezase entonces. Sus raíces se hunden en 1574, con bailes de máscaras importados de Italia. Durante siglos fue fiesta privada, luego pública, después prohibida. En el franquismo la llamaron eufemísticamente «Fiestas de Invierno» para sobrevivir en barrios como La Isleta. Hasta que en 1976 volvió a la calle para no irse nunca. Ese espíritu de resistencia es lo que realmente se celebra .

3. Ocho horas de desfile y 7 kilómetros de fiesta continua
La Gran Cabalgata es el sábado 28 de febrero. Siete kilómetros, más de 100 carrozas y un desfile que dura ocho horas sin pausa. La organización ya ha cerrado plazos y requisitos; la participación es exigente (seguro de 300.000 euros, diseño artesanal, límite de lonas). Pero el resultado es una marea de música y disfraz que atraviesa la ciudad entera. Acaba de noche, pero la fiesta sigue. Nadie se quiere ir a casa .
4. La primera Gala Drag Queen de España (y sigue siendo única)
1998. Ese año, Las Palmas acogió la primera Gala Drag Queen del país. No fue solo un concurso. Fue una declaración de intenciones. Hoy es un escaparate internacional de arte, performance y reivindicación LGTBIQ+. Para este 50 aniversario ya hay doce finalistas, las llamadas «reinonas». Una de ellas, Drag La Tacones, ganó el premio al mejor diseño en la preselección con su fantasía «¡Hoy voy a ser yo, aunque el mundo no esté preparado!». La gala final será el 20 de febrero. No falta nadie .

5. Reconocimiento mundial (y solo dos en Canarias)
Desde febrero de 2023 es Fiesta de Interés Turístico Internacional. Solo hay otra en todas las islas con ese sello. No es postureo: la Secretaría de Estado de Turismo avala su continuidad histórica, su capacidad de atraer visitantes de todo el mundo y su músculo cultural. La pasada edición, según estimaciones, rondó las 800.000 personas. Si no lo has vivido, este año es el momento .
6. Perros ganadores y viudas en tacones
Dos apuestas curiosas que funcionan.
El Carnaval Canino ya tiene reina. Se llama Arepa, es una mestiza y ganó el pasado 8 de febrero con un disfraz de tragaperras titulado «¡Pero qué perra la tragaperra!». Su dueña, Rosmi Quesada, sabe lo que hace: ya ganaron en 2024. El certamen es una gozada: perros disfrazados, familias enteras a juego y un mensaje claro de adopción y no abandono .

Y luego está «Viudas a la carrera». Vuelve el 1 de marzo tras el éxito de 2025. Son 3,5 kilómetros. Corres vestido de viuda. Con luto, peluca y tacones. No es una metáfora. Es real y es brutal. Una forma de clausurar el carnaval riéndote de todo, incluida la muerte .
El Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria no necesita adjetivos pomposos. Necesita que lo pises. Este 2026 no es una edición más. Es el cumpleaños de medio siglo de una ciudad que lleva quinientos años disfrazándose para seguir siendo ella misma.
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