Septiembre es el mes de los buenos propósitos. Unos empiezan dieta, otros retoman el inglés, algunos se apuntan al gimnasio. En diciembre, la mayoría lo ha dejado. ¿Qué falla? Que atacamos los síntomas, no la raíz.
La raíz, muchas veces, está en ese desequilibrio entre lo que hacemos y cómo lo hacemos. En cómo respondemos al estrés, la presión o la ansiedad. Y en cómo esas respuestas se convierten en dolor de espalda, cuello tenso, hombros cargados o una respiración superficial que nos acompaña todo el día.
¿Y si, en lugar de parchear, aprendemos a mirarnos desde dentro?
Eso propone la Técnica Alexander, un método educativo que nació hace más de un siglo y que cuenta con evidencia científica. Una de sus grandes valedoras en España es Marta Barón Holczer, química de formación y profesora de Técnica Alexander desde 1999, que atiende en su centro de Madrid.
Qué es la Técnica Alexander (y qué no)
No es fisioterapia, ni quiromasaje, ni una tabla de ejercicios. Es un proceso de aprendizaje. El objetivo: tomar conciencia de cómo usamos el cuerpo en cada actividad cotidiana y cambiar los patrones automáticos que nos generan tensión y dolor.
La creó Frederick Matthias Alexander (1869-1955), un actor australiano que perdió la voz. Los médicos no supieron ayudarle, así que se puso a investigar por su cuenta. Constató que, de forma inconsciente, tensaba el cuello cada vez que iba a recitar. También lo hacía en muchas más ocasiones. Practicó ante un espejo hasta darse cuenta de que si cambiaba ciertas posiciones y actitudes, también cambiaban las consecuencias. Así ideó un método que le libró de su problema crónico de voz y mejoró su salud. Los compañeros empezaron a pedirle consejo y comenzó a enseñar a otros. Hasta los médicos le mandaban gente.
Lo que dice la ciencia
La Técnica Alexander no es una moda. Tiene respaldo. Un estudio con 579 pacientes con dolor lumbar comparó cómo mejoraban con ejercicio, masaje o clases de Técnica Alexander. El resultado fue que seis clases de técnica Alexander seguidas de prescripción de ejercicios son casi tan efectivas como 24 clases. Las clases mantuvieron un efecto beneficioso sobre el dolor y la funcionalidad después de 12 meses. Un ciclo de 24 sesiones proporciona beneficios a largo plazo en pacientes con lumbalgia crónica o recurrente.
Qué se aprende en las clases de Marta Barón
La mejor manera de canalizar la energía necesaria en el día a día, tanto física como intelectualmente. No se trata solo de aprender a hacer algo, sino de aplicarlo a todo lo que haces en tu vida. Tanto en actividades muy específicas como en las más comunes.
“Enseño un sistema, sin prisa, avanzando cada clase y dando herramientas, conciencia, ayudándome de las manos y explicaciones sencillas, generosidad y empatía. Hago equipo con cada persona y busco la mejor forma para que el aprendizaje sea posible”, explica Marta Barón.
Cuando dejamos de luchar contra nuestro cuerpo y reaprendemos a optimizar su uso y la cantidad de energía que necesitamos en cada actividad, lo aprendido se convierte en una forma natural de vivir.
Marta Barón se formó entre 1996 y 1999 en el Constructive Teaching Centre de Londres, con Walter Carrington, alumno directo de Alexander. Desde 2002 enseña en Madrid. En 2016 abrió el Centro de Enseñanza Constructiva (CEC), donde forma profesores y atiende alumnos.
Problemas que ayudan a mejorar
Dolor de espalda. Es uno de los problemas crónicos de salud más frecuentes. El estudio con 579 pacientes demostró que la técnica mantiene el efecto beneficioso al menos un año.
Mejor postura. Aprenderás la postura adecuada para cada una de tus actividades sin hacerte daño.
Problemas músculo-esqueléticos. Esos que surgen de repetir una postura en el trabajo o la vida diaria. Mejorarás la capacidad de percibir el trabajo que haces y evitarás forzar la zona. Poco a poco adquirirás la sabiduría de acompañar al cuerpo para que este se sienta bien.
Dolor crónico de cuello. Según los datos del artículo, a los seis meses de clase, el 81% de los alumnos declara que su vida ha mejorado y tiene herramientas para su autocuidado.
Problemas de respiración superficial, ineficaz o respiración por la boca.
Problemas de voz, ronquera, disfonía o cuerdas vocales inflamadas, irritadas o con problemas de vibración.
La clave: parar y observar
El problema de muchos males físicos y emocionales está en la repetición automática de conductas. Aparecen cuando hay estrés, ansiedad, cansancio o emociones difíciles. Mientras no cambiemos ese patrón, las molestias vuelven, aunque hagamos ejercicio, nos demos masaje o usemos antiinflamatorios.
La Técnica Alexander genera bienestar, calma y serenidad. Aquieta nuestros pensamientos y nos ofrece estabilidad física y mental.
Modificando esos patrones automáticos, casi cualquier movimiento diario puede hacerse de forma mucho más eficiente, libre y sin dolor.

Cómo funciona
Marta Barón trabaja en sesiones individuales, en pequeños grupos y en talleres para trabajadores de una misma actividad (músicos, informáticos, estudiantes, amas de casa, cuidadores, trabajadores con tareas repetitivas, oradores, actores, cantantes, profesores, conductores…). Se desplaza a empresas y oficinas para trabajar en grupos de hasta cinco empleados. Una opción pensada para quienes no tienen tiempo, que es el mal de la sociedad actual.
Aunque los cambios pueden notarse desde la primera clase, se recomiendan un mínimo de 6 a 8 sesiones para beneficiarse de la técnica.
Sobre Marta Barón Holczer
Licenciada en Ciencias Químicas por la UCM. Al terminar la carrera descubrió que la química no era lo suyo. En 1993 empezó a recibir clases de Técnica Alexander por un dolor de espalda que no cedía. “Con las clases mi salud mejoró y se convirtió en una herramienta que me ayudaba a manejar mi vida”, cuenta. Se formó en Londres y desde entonces se dedica en exclusiva a enseñar. En 2016 abrió su escuela, el Centro de Enseñanza Constructiva (CEC), donde forma profesores y atiende alumnos.
