FEIJÓO GANA EL PRIMER DEBATE POR KO

Pachi Vázquez, el hombre que perdió un debate con la crisis como aliada

La demagogia ya no cotiza en Bolsa electoral

El «jabalí de Carballiño», como llaman sus compañeros de partido a Pachi Vázquez, se disfrazó de Madre Teresa de Calcuta la noche del 8 de octubre de 2012, durante el primer cara a cara televisado de las elecciones gallegas.

A la derecha del ring, habilitado en un plató de la Televisión de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, 51 años, defensor del título de Presidente de Galicia. A la izquierda Pachi Vázquez, 58 años, el aspirante a una derrota electoral aferrado al hilillo de esperanza de un hipotética e hipotecada victoria aritmética.

Feijóo: el hombre tranquilo

Feijóo no puede permitirse el lujo de ganar a los puntos, aunque haya sido por unanimidad en todas las provincias de su comunidad autónoma. Es una peculiaridad de la democracia a la gallega que se ha ido contagiando a otras autonomías. Sólo se levanta el puño a un vencedor Popular si consigue la victoria por KO, por mayoría absoluta, en una legítima pero antiética y antiestética lectura de eso que se llama la voluntad popular.

Pachi, en cambio, parte con la ventaja de poder besar la lona electoral, de llegar al 22-0 con la cara hecha un cromo, pero con la seguridad de que los otros partidos representados en el Parlamento, si el pueblo y la aritmética lo permiten, se tomarán al pie de la letra las palabras del Nuevo Testamento: «los últimos serán los primeros». Sería la 2ª ocasión en la que los gallegos podrían asistir a otra milagrosa ascensión de un socialista a los cielos del poder.

Feijóo defiende título por unanimidad Popular. Es el candidato de todo el centro-derecha gallego, que conciliaría plácidamente el sueño si en la madrugada del 21-0, tras el recuento de papeletas, se confirmasen otros cuatro años al frente de la Xunta del chico que salió una vez de Los Peares diciendo: «o llevarás luto por mí..».

¡Ni Pachi soñó llegar a tanto, ni el PSOE a tan poco!

Pero ni el socialismo, ni la izquierda gallega en general celebrarían el advenimiento al poder de Pachi Vázquez. Si acaso descorcharían champán para brindar exclusivamente por el derrocamiento de Núñez Feijóo.

Pachi es ese señor que ha llegado hasta aquí tras haber ganado a los puntos a Elena Espinosa en una guerra civil de su partido. A la señora ex ministra la rescataron del baúl de los recuerdos Pepe Blanco y Abel Caballero, dios los crea y ellos se juntan, para montar una maniobra de distracción en el Congreso socialista. Se trataba de colarla de «okupa» en la Secretaría General del PSdG-PSOE y, luego, tras haberse librado de Pachi, montar unas primarias a la medida de Pepe Blanco o la persona decidida a dedo.

Pero un jabalí acorralado tiene mucho peligro. Sobre todo los de Carballiño. Primero tumbó a la ex ministra, después le vino Dios a ver con la «Operación Campeón», en la que sus más peligrosos enemigos se quemaron en gasolina y, como broche de oro final, le tocó la lotería con la anticipación de las elecciones gallegas. Ni él soñó jamás llegar a tanto, ni el socialismo gallego, en su peores pesadillas, se imaginó llegar a tan poco.

La demagogia ya no cotiza en Bolsa electoral

Esos son los perfiles políticos de los dos púgiles que se han enfrentado en el primer debate de la campaña electoral gallega. Feijóo estuvo técnico, con cintura y buen juego de piernas. Esquivó los directos a ciegas del índice de paro y las dudas de Pemex que enviaba Pachi y mantuvo esa frialdad no estudiada, auténtica, genuina, que forma parte de una personalidad que podrá molestar a sus detractores, pero que transmite confianza a sus seguidores.

Pachi, en cambio, se aferró al clavo ardiendo de la demagogia. Dejó en casa su cara de jabalí acorralado y se fue a los estudios de la televisión gallega disfrazado de Madre Teresa de Calcuta. Utilizó a los parados, a los pacientes, a los docentes, a los jubilados, como escudos humanos de un proyecto vacío de contenido, con manidas citas y lugares comunes que insultan a la inteligencia de los seres humanos más vulnerables a la crisis.

Siguiendo los sabios consejos de Pepe Blanco, experto pirómano político doctorado en gasolinas, y de su director de campaña Antón Losada, profesor universitario, ex cargo autonómico del BNG, polemista audiovisual, calderero, sastre, soldado y espía, desplegó su catálogo

Ser parado, jubilado, enfermo, pobre, lo suelen confundir los políticos que están en los gobiernos con meros guarismos estadísticos, asunto que requiere un urgentísimo acto de contrición, con su correspondiente propósito de enmienda reflejado en los Presupuestos y los inmediatos acuerdos de Consellos de la Xunta y Consejos de Ministros. Pero es que, para los políticos en la oposición, con excepciones que confirman la regla, son mera munición para intentar tomar Monte Píos y Moncloas. Luego, si llegan al poder, si os he visto, si he hablado de vosotros, ni me acuerdo.

De la «niña de Rajoy» a la «familia de Pachi»

Y Pachi Vázquez no fue precisamente una excepción durante el debate. No resistió la tentación de desplegar el muestrario de seres desheredados de Galicia, como un hipócrita mercader de votos profanando el templo de la solidaridad humana. ¡Pero si este señor tiene pasado, coño! ¡Ha aclamado, aplaudido, mostrado adhesiones inquebrantables a Zapatero, mientras el superávit público, la estabilidad de las arcas del Estado y la esperanza de varias generaciones se iban por el sumidero!

¡Que poco hablaba de los parados, de los enfermos, de los docentes, de los pensionistas, cuando ZP estaba hipotecando sus respectivos futuros, y con qué milagrosa facilidad se ha recuperado de su ataque de amnesia!

Incluso se ha sacado de la manga una familia piloto, «la familia de Pachi», como aquella vez Mariano, en aquel célebre debate a la desesperada con ZP, se sacó de la manga la «niña de Rajoy» que arrancó tantas carcajadas en la opinión pública y la opinión publicada.

Es muy difícil, en los tiempos que corren, que un gobernante gane un debate contra un rival aliado a la megacrisis. Salvo que el rival se llame Pachi Vázquez, claro.

 

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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