Diario de un NO nacionalista

¡Bienvenidos a la Cataluña (real)!

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Cataluña, lengua, independentismo, prensa y educación. CT

Nos encontramos ante un ciudadano que ha confesado ser un defraudador fiscal y al más alto cargo del Estado en Cataluña, el Presidente de la Generalitat, negociando y “llegando a acuerdos” respecto a las medidas que el Gobierno catalán debe tomar…”

Decía Joaquim Coll en su conferencia en el Nueva Economía Forum que “…Cataluña es un país políticamente en enfermo…”, el problema de Cataluña, de los catalanes y de esa clase política afecta y dependiente de la “costra nacionalista” es de engaño político y autoengaño social, una costra que permite visibilidad, reconocimiento social (en todos los ámbitos) y, por lo que parece, enriquecimiento personal con altas probabilidades de gozar de muchos años de impune inmunidad.

Naturalmente, también ocurre lo contrario, si como ciudadano catalán osas criticar abiertamente este escenario dantesco de imposición político-identitaria estas condenado al ostracismo mediático, a la difamación, a sufrir las iras de aquellos que no están acostumbrados a la disensión porque piensan que la Causa está por encima de la diversidad, que la diferencia solo es un obstáculo, que la democracia solo es un instrumento, son aquellos que se sienten cómodos con la espiral de silencio y con el miedo a la rechazo público.

La reacción del Presidente la Generalitat ante la confesión de Jordi Pujol fue, a mi parecer, sintomática del esquema político/mental que ha regido en Cataluña durante los últimos treinta años de “construcción nacional-ista”: sustentar una densa red clientelar de intereses diversos (especialmente neutralizar con dádivas públicas al “cuarto porder”) con las que dominar todo el espectro institucional, político y social, pero siempre con el objetivo de inocular una cosmovisión de tolerancia y necesidad hacia una ruptura con el resto de españoles.

Más allá del contenido de las “medidas” del gobierno catalán, de CDC y de CiU, el lenguaje utilizado por el actual President en su comparecencia de prensa podría condensar esa sumisión hacia lo simbólico que da un plus político y democrático a quién dirigió la política catalana durante más de 23 años, decía Artur Mas: “… comunicarles algunas decisiones que he acordado con el presidente Pujol…”, “…en esta última reunión acordamos las decisiones que ahora les comunicaré…”.

Nos encontramos ante un ciudadano que ha confesado ser un defraudador fiscal y al más alto cargo del Estado en Cataluña, el Presidente de la Generalitat, negociando y “llegando a acuerdos” respecto a las medidas que el Gobierno catalán debe tomar, nos encontramos ante el reconocimiento implícito de esta forma de hacer política tan catalana del compadreo (¿alguien recuerda aquello del “oasis catalán”?), de la dejación de las auténticas obligaciones de representación política, de la defensa de los intereses de todos los ciudadanos y no solo de los propios, de la falta de transparencia, es la difusa frontera entre lo que es Cataluña y lo que es (son) los partidos nacionalistas…

Estamos asistiendo al paroxismo de ese empecinamiento nacionalista por crear una conciencia nacional-patriótica, a las consecuencias de un sobrecalentamiento de dicha conciencia (Kempleler), a los primeros esbozos y síntomas de esa creencia de ser un pueblo casi elegido, de haber creado una alteridad necesaria que te niega como tal, lamentablemente, la enfermedad política parece permear parte la sociedad catalana.

Estos síntomas, convenientemente escondidos por el aparato de propaganda secesionista, los encontramos en el discurso grueso, en las pequeñas (o grandes) incomodidades, el que encontramos en la cultura popular de barrios y ciudades, de quienes no están (o no estaban) muy interesados por la política, en el recurso a un lenguaje acomodado al Dogma nacional sin siquiera darse cuenta de ello (como hizo Artur Mas en su comparecencia), uno de estos síntomas es el de la equidistancia, como si hubiesen dos posturas antagónicas que justificasen cualquier acto, por muy repudiable que sea éste.

Síntomas como el miedo a significarse de muchos artistas en el acto de Societat Civil Catalana del 23 de abril, del veto a un espacio publicitario en un medio de comunicación escrito, de no poder alquilar un local por ser políticamente incorrecto, o como el que viví en primera persona hace pocos días: un sábado quedé con un amigo para tomar un café, éste amigo tiene la osadía de pertenecer a un partido político (constitucionalista) que tiene por costumbre montar carpas para explicar su proyecto político y contactar directamente con la ciudadanía, pues bien cuando pasé por dicha carpa fui testigo del acoso de un grupo de independentistas que al grito de “fachas” querían obligar a que se fuesen de allí, con algún intento de derribar la carpa…

Quizás lo más sintomático fue la respuesta de otro amigo independentista de vocación (pero sin fundamento) al explicarle este suceso, se refirió a que en las dos partes pasan estas cosas, que hay impresentables en los dos lados… como puede observarse la labor de adoctrinamiento educativo (quizás gracias a esa “ignorancia (ciudadana) programada” en la que se ha convertido nuestro sistema educativo) y mediático ha calado hondo, en el imaginario colectivo del secesionismo (de buena fe) se ha creado una figura del “otro”, un chivo expiatorio imaginario con el que calmar posibles conflictos morales ante el envite antidemocrático del secesionismo.

Es un esquema mental muy útil que hace de la equidistancia una herramienta indispensable para igualar moralmente a quién se salta las leyes y la democracia con los que defendemos el estado de Derecho y el imperio de la le, es una negación de una realidad social tozuda ante cualquier análisis mínimamente racional: el mal llamado “Proceso catalán” se basa en un meticuloso (y tremendamente caro) sistema de ingeniería social que trata de uniformizar política e identitariamente a la población, que trata de imponer la tiranía de la opinión pública (y publicada), que trata de destruir lo diferente e inmiscuirse en la “sagrada esfera privada del individuo”.

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