El pobre Jorge Fernández Díaz va a pasar a la historia de nuestra democracia como el ministro del interior de la infamia. Pretender que no puede hacer nada contra la excarcelación de terroristas, violadores y asesinos varios, por la sentencia del tribunal de Estrasburgo… es una memez. No se lo creen ni los del PSOE. El día que uno de los violadores vuelva a actuar contra una niña, se va a montar la marimorena, y se la van a montar los mismos que ahora declaran solemnemente que hay que acatar. La gente está más que enfadada. Y con razón.
Porque las víctimas ya han hecho lo que tenían que hacer: no tomarse la justicia por su cuenta. El perdón es un acto interior y privado que para nada tiene que influir en la justicia. La justicia es una condición sine qua non para la vida social. Todos tenemos que tener la tranquilidad de la justicia, de un Estado de Derecho que funcione, y de una legalidad que sea la misma para todos. Seguridad jurídica y justicia independiente son la garantía del Estado de Derecho. Y todos tenemos el derecho a la justicia. Y pagar un año de cárcel por un asesinato premeditado y salvaje, redimiendo condena por estudiar o hacer aerobic es una burla cruel. Y esta gentuza sale sin haber pagado un euro de indemnización a sus víctimas. Y con ganas de seguir de marcha.
Sinceramente, no entiendo cómo un delincuente condenado a 300 años de cárcel puede salir en 25.
Nos toman por idiotas. Pero que lo haga el PSOE no es extraño. Lo trágico,lo terrible de todo esto, es que Jorge Fernández Díaz salga con esa cara a decirnos que se siente impotente. Pues si se siente impotente, quizá el señor Rajoy, el señor Ruiz Gallardón y él mismo deberían dimitir. Porque cuando no se puede resolver algo, lo mejor es apartarse y dejarle el paso a otro que sí se sienta capaz de resolver.
Y lo mismo para todo lo demás. Los programas están para cumplirlos. Y que yo sepa, nadie acata las sentencias de Estrasburgo en Europa. Y si no, que se lo pregunten a los ingleses
