La presidenta ha confirmado esta tarde que no va a dimitir. En todo este lío – aunque yo era partidaria de una convocatoria rápida de elecciones que impidiera a Jiménez hacerse con el poder sin pasar por las urnas- la resistencia serena de Yolanda ha vencido. Y me alegro. No es que el problema de Navarra esté resuelto, pero creo que esta comisión de investigación ha tenido un efecto boomerang. Yolanda Barcina estaba siendo abierta e intensamente cuestionada dentro de su partido. Su gobierno daba sensación de bloqueo, y la gente se desesperaba ante una administración que solo servía para impedir el normal funcionamiento de Navarra. Se hablaba ya de una salida digna para la presidenta que propiciara un nuevo entendimiento con el PSN de Roberto Jiménez. ¿Qué ha sucedido para que todo cambie?
En primer lugar, lo que empezó siendo un sainete de señoras enfadadas, se convirtió -por la actitud de Roberto Jiménez- en un acoso y derribo del gobierno foral que solo beneficiaba a Bildu y a Geroa Bai. La sustitución de Yolanda Barcina, que se veía como una salida necesaria al bloqueo del PSN, se empezó a temer como un peligro inminente para Navarra. La alternativa era un Roberto Jiménez desquiciado y sometido a Bildu. Ante semejante perspectiva, la ciudadanía de centro derecha, antes desencantada con Barcina, se ha vuelto contra ese UPN dividido que no la apoyaba. La presidenta ha salido reforzada de todo este lío porque nadie ve en Navarra una alternativa mejor. Y la gente ha pasado del hartazgo al miedo. Y el miedo es un poderoso revulsivo.
En segundo lugar, la inocente y buena profesional Idoia Nieves ha pasado a ser considerada alguien no tan inocente ni estupenda. Porque se desdijo de sus acusaciones. Y porque se vio que no todo era trigo limpio. De hecho, una de las preguntas que se le hizo a Barcina fue si pensaba que Idoia Nieves era de Bildu. Porque la gente ha empezado a preguntarse cómo alguien que no fuera nazionalista podía tener esa actitud y ese currículum. La propia Idoia Nieves, cuya única virtud era la de ser discreta, ha pasado a ser sospechosa. No ha pasado la prueba de los focos. Al conocer su trayectoria nadie se cree que lo suyo fuera un calentón casual, por más que un sector del PSN, y no justamente el más españolista, se empeñara en defender lo contrario.
En tercer lugar, nadie entiende lo de las “injerencias”. ¿Por qué -se preguntan los navarros- un superior no puede pedir información a un subordinado? ¿Por qué esta señora –Idoia- podía hacer de su capa un sayo en sus inspecciones fiscales? Parecía que las empresas habían sido maltratadas por Nieves. La presunta buena profesional que había visto su honor mancillado por la consejera parecía más verdugo que víctima.
En cuarto lugar, la caza a Lourdes Goicoechea ha sido tan burda, las intenciones de todos han sido tan evidentes, la han maltratado tanto, que la consejera ha pasado de ser la mala de la película a darle pena a todo el mundo. No es que dar pena sea algo bueno, pero cambia la percepción sobre las personas. Se han pasado de frenada. Diario de Noticias incluido.
En quinto lugar, toda la oposición ha dado una impresión penosa, de venganza personal y de deseo de poder a cualquier precio. Se han ensañado y tenían una prisa tan evidente que han perdido toda la credibilidad. Se les ha visto el plumero y el mal estilo, y eso asusta a mucha gente. Bildu no era la fuerza con la que Roberto Jiménez tenía que haber pactado una alternativa. Y Patxi Zabaleta se lo ha hecho ver muy claro, desautorizándole en un momento clave para el desarrollo del proceso. El paripé de ETA en medio del follón ha vuelto a poner el miedo al nacionalismo sobre el tapete. Todos se lo han puesto, como se dice vulgarmente, a huevo a Barcina.
La presidenta del Ejecutivo foral ha confirmado esta tarde que no va a dimitir porque no piensa «seguir la hoja de ruta de Bildu». Obviamente. No puede hacer otra cosa. Ya habla con tranquilidad de trampa, y pide a Jiménez que se retrate. Y con gran acierto, afirma:
«No hacía falta que se pusiese en cuestión el nombre de Navarra, a nuestra hacienda, que se zarandeara a la mayor empresa de nuestra Comunidad (VW), a la Universidad de Navarra, a nuestro convenio, y a la honorabilidad de la consejera». Los papeles. Demasiada gente importante en los papeles. Y eso no ha gustado.
Ahora la pelota está en el tejado del PSN. Pero ante sus votantes, una Yolanda Barcina crecida y que no tiene nada que perder vuelve a brillar. Si lo hace con inteligencia, puede que gane la partida por goleada. Roberto Jiménez no podía haberlo hecho peor.
