Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de Torgeir Schjolberg en pintaracuarela.blogspot.com)(*)
Es un ser personal, real y concreto, de naturaleza espiritual e invisible, y que por su pecado se apartó de Dios para siempre. Es “el padre de la mentira”, del pecado, de la discordia, de la desgracia, del odio, de lo absurdo y malo que hay en la tierra. Es la serpiente astuta y envidiosa que trae la muerte al mundo, el enemigo que siembra el mal en el corazón del hombre, y al único que hemos de temer si no estamos cerca de Dios.
Palabras tan duras –y tan verdaderas- parece difícil que puedan atribuirse a ser humano alguno. Y no lo son. Naturalmente, se refieren al que algunos dicen que no existe. Sin embargo si alguien en el mundo cree en cuanto refieren los textos sagrados del antiguo o Nuevo Testamento, ese ser, se le nombra no una, sino cientos de veces. El diablo existe. La Sagrada Escritura habla de él desde el primero hasta el último libro revelado. Desde el Génesis al Apocalipsis.
Porque miente en todo cuanto dice y hace, se le llama, y es, padre de la mentira.
Similitud sospechosa de lo que éstos nuestros ojos y nuestros oídos están viendo y oyendo; y no sólo en nuestra Patria.
Mienten, así, ¡mienten! quienes afirman que el ser concebido en las entrañas de una mujer por fecundación de varón no es ser humano. Porque es el fruto gozoso de un amor humano que debe ser noble y limpio.
Mienten, así, ¡mienten!, los que afirman que el matrimonio no es exclusivo de hombre y mujer. Porque Dios los creó hombre y mujer y los unió en matrimonio instituido así –por Dios- desde la creación del mundo.
Mienten, así, ¡mienten!, quienes sostienen los que al aborto de un ser humano, concebido y no nacido, lo llaman interrupción del embarazo. Porque “interrumpir” la vida de un ser humano es, y siempre lo ha sido, un homicidio. “Crimen abominable” por humano e indefenso.
Mienten, así, ¡mienten!, los que, contraviniendo la ley divina y humana, legalizan el divorcio. Porque Dios los creó hombre y mujer y los unió en matrimonio instituido así desde la creación del mundo y dijo: “Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.”
Mienten, así, ¡mienten!, los que legislan a favor de que cada ser humano nacido hombre o mujer, pueda luego elegir libremente sexo. Tan diferenciados desde su nacimiento que huelga toda explicación.
Es, pues ¡mentira!, que a eso se le llame progresista ideología de género. Como mentira es el admitido derecho ¡por ley!, a adoptar niños seres humanos del mismo sexo, con el falso atributo de padres.
Falso, como la falsa moneda, que a la unión de homosexuales llamen matrimonio.
Mienten, así, ¡mienten!, los que en aras de un falso progreso, acepten o apoyen como derecho faltar gravemente al respeto debido a creencias religiosas, arraigadas durante siglos o días en el pueblo al que gobiernan o “manejan”. Vulneración evidente de la libertad religiosa.
Es falso, que, amparados en la libertad de expresión, pueda blasfemarse impunemente el nombre del Dios único de toda la humanidad.
Es mentira hipócrita, reverenciar a Dios delante de un alto mandatario y luego legislar en la Patria común en contra del mismo Dios al que se respetó ante el poderoso.
Mienten, así, ¡mienten!, los que juran ante el Crucifijo y la mano en la Sagrada Biblia, la Constitución aprobada y que incumplen luego según su conveniencia.
Es una aberración, astutamente engañosa y falsa, pervertir la formación de los niños con asignaturas ¡obligatorias!, con la mentira infame de calificarla como Educación de la Ciudadanía.
Mentira contra todo derecho, usurpar a los padres el derecho de educar a sus hijos, que es primero a ellos a quienes por ley divina y humana les corresponde.
Mienten, así, ¡mienten!, los que llaman progreso al libertinaje del ser humano.
Mienten, así, ¡mienten!, los que, desde el poder, se atribuyen derechos que en absoluto les corresponden, porque atentan a la libertad de las conciencias.
Mienten, así, ¡mienten!, los que equiparan en deberes y derechos a las llamadas “parejas de hecho” en ambos sexos al matrimonio.
……….
Lista interminable de mentiras, que, si sólo cité someramente en cuanto a su relación con las creencias religiosas de cada individuo, se multiplicarían al introducir referencias políticas o de derechos éticos, morales… humanos, en nuestra Patria, España.
Convendría, digo, un examen serio de quién pudiera ser el padre de tanta mentira. No seré yo quien le ponga nombre y apellidos. Sí digo nada más, que padre de la mentira, de sobra conocido desde que el mundo es mundo, tiene diferentes nombres: satán, satanás, diablo, demonio, belial, belcebú, maligno, lucifer, luzbel…
¿Desesperanza por visión tan negativa aunque real…? Sería si no tuviéramos la certeza de que quien creó el mundo y cuanto contiene de noble y bueno, que es mucho –aunque tantas veces los hombres lo hayamos hecho malo y feo-, creó también a los ángeles; también a los que se rebelaron, cuyos nombres hemos citado. Y creó a su Iglesia: “y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. El mismo que, tentado en el desierto, arrojó al maligno: ¡“Apártate de mí, Satanás. Adorarás al Señor tu Dios, y a ÉL sólo servirás”! Y “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros”?
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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