La colección Mapfre de dibujos del s. XX

Por José María Arévalo

( Una tarde en Berlín.1929. Dibujo de George Grosz en la actual exposición “La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX”, en la Fundación MAPFRE de Recoletos) (*)

Los lunes cierran la mayoría de los museos, así que si tiene uno que hacer una gestión en Madrid ese primer día de la semana, y un ratillo para ver alguna exposición, agradece haya excepciones como la del Lázaro Galdiano y el de la fundación MAPFRE. Este último, en el paseo de Recoletos, abre los lunes a las dos de la tarde, buena hora para haber acabado las gestiones. Además acaba de inaugurar una nueva muestra, “La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX” con más de un centenar de dibujos pertenecientes a su propia colección que se puede visitar hasta el hasta 27 Agosto.

“Mapfre presume de colección de dibujos”, titula hoyesarte.com la crítica de la muestra. Añade que el coleccionismo español no ha mostrado un interés por el dibujo comparable al suscitado por la pintura, lo que da mayor interés a las seguidas por la Fundación MAPFRE. “La colección de dibujos del siglo XX de la Fundación Mapfre destaca por su diversidad, lo que responde a la que es propia de la obra sobre papel en el arte contemporáneo. A diferencia de lo que venía sucediendo en la tradición artística, la obra sobre papel en la modernidad ya no es sólo un apunte o un dibujo preparatorio para una pintura sobre tela o cualquier otro soporte (aunque pueda seguir siéndolo), sino que en ocasiones es considerada una obra de arte por sí misma”.

Para ser sincero, tengo que reconocer que esta muestra, que incluye dibujos de todos o casi todos los grandes del siglo pasado, con un valor por tanto incalculable, me ha decepcionado un tanto, precisamente por tratarse, en su mayoría, de apuntillos de los divos, pero en pocos casos obra, aunque sea dibujo, importante. Sin duda colabora a ello la destrucción de las formas típica del postimpresionismo, que lleva a la proliferación de creaciones aparentemente inacabadas. Más que la belleza en las obras, hay que apreciar en esta exposición los trazos significativos de tan interesantes creadores y movimientos como están representados.

Personalmente, solo me han parecido obras maestras, en sí y con independencia de la fama del autor, seis o siete dibujos. Los de la primera sala son deslumbrantes: un autorretrato de Mariano Fortuny, un David de Sorolla, un “Retrato de Manolito Pendas” de Darío de Regoyos, de 1876, y otro dibujo –no he sido capaz de manejar el complejo “microsite” de la wed de la Fundación para recordar el título- de Francisco Pradilla. Después, una “Mujer sentada con sombrero” de Gustav Klimt de 1910 y una “Española”, con mantilla, de Francis Picabia, de 1922; “El torero” de Vázquez Díaz, 1920 y un muy elaborado y surrealista “La rosa y el velocípedo” de José Caballero, de 1935; dos Matisse muy suyos, inconfundibles, de 1926 y 1944; una “Mujer” muy picassiana, de don Pablo, 1923; y sobre todo una magnífica obra de Dalí, “Guerra estética”, de 1943, donde se manifiestan sus enormes cualidades para el dibujo y la representación.

Quizá la exposición haya que verla en su conjunto y por etapas, como propone el catálogo. Hay que tener en cuenta, como señala hoyesarte.com, que las colecciones de dibujo de Mapfre han estado protagonizadas por una fuerte vocación por desentrañar el nacimiento de la modernidad. “En este sentido, la creación de una colección de dibujos centrada en los lenguajes de la vanguardia española, que ya se puede considerar clásica, constituía una secuela natural de su programación de exposiciones que, durante mucho tiempo, estuvo vertebrada alrededor del arte español de principios del siglo XX”.

Así, la muestra trata de reflejar la historia del dibujo del siglo pasado, en cinco secciones. Primero en “La tradición”, se inicia el recorrido con dibujos de carácter “todavía académico, artistas ligados a la tradición pero que sientan las bases y muestran una expresividad que hace pensar en ese comienzo de siglo que estaba por llegar. Estos artistas, entre los que se encuentran Mariano Fortuny o Joaquín Sorolla, conocieron un éxito internacional notable y forman parte de páginas fundamentales de la historia del arte”.

En “La modernidad”, comprende desde 1900 hasta la llegada de la Guerra Civil española, que “marca una fractura en todo nuestro ámbito cultural, se produjeron diversas transformaciones y un proceso de renovación de la pintura que viene reforzado por las relaciones que se establecen entre los artistas españoles y europeos. En este proceso, la imagen de la mujer cumple un papel importante pues se convierte en verdadera protagonista del mundo moderno. Lo vemos en dibujos de carácter noucentista como el de Joaquim Sunyer o Enric Casanovas, que dialogan con otros de Francis Picabia, Auguste Rodin o Egon Schiele”.

Esta ordenación esquemática –aclara el folleto- no cumple con un rigor historiográfico pues las obras de Henri Matisse o George Grosz ponen de manifiesto la variedad del arte del siglo pasado y la necesidad de proceder a la revisión de los criterios establecidos por la historiografía tradicional.

En el apartado siguiente, “El espíritu de vanguardia”, explica cómo la construcción de un lenguaje de carácter abstracto, de naturaleza geométrica y analítica en el horizonte del cubismo, se plantea a través de una serie de obras de Joaquín Torres García, Rafael Barradas, Juan Gris, Albert Gleizes o Sonia Delaunay. El sentido constructivo de la pintura y sus límites con la escultura lo muestran, entre otros, los dibujos de Laszlo Moholy Nagy, el collage de Alexander Archipenko o la Miniatura merz de Kurt Schwitters que, con un espíritu claramente dadaísta, enlaza directamente con las obras de Francis Picabia. De forma casi paralela, hay que destacar la presencia, en París, de un grupo de artistas españoles que, en torno a Picasso y al cubismo, fueron conocidos como La Escuela de París: Manuel Ángeles Ortiz, Hernando Viñes o Francisco Bores son algunos de los más importantes.

Apartado especial para “El surrealismo”. La presencia privilegiada de los artistas españoles en París les permitió asistir de primera mano a la gestación del surrealismo, tendencia, a la que por su importancia, se ha querido dedicar una especial atención. “Algunos de los pintores que aquí se presentan fueron miembros activos del grupo y figuras esenciales del movimiento. Tal es el caso de Salvador Dalí, Joan Miró, Luis Fernández u Óscar Domínguez, éste último creador de la decalcomanía, técnica que se inscribe directamente en el círculo surrealista de Breton. Las relaciones entre Francia y España se tradujeron en una fuerte impronta surrealista en nuestro país que se extendería en el tiempo y que caminaría junto con otras tendencias hasta la década de los cincuenta del siglo pasado.”

Y finalmente, “En los límites de la vanguardia”: Tras los años de Guerra Civil, el impulso vanguardista, aunque sin ser olvidado, parece sufrir un quiebro en nuestro país. Aparece un cierto tipo de arte costumbrista y melancólico emparentado con el realismo alemán de los años veinte que tiene su mejor expresión en las acuarelas de Arturo Souto. Nuevas investigaciones surgen a partir de estas fechas: el eco de los realismos europeos en Genaro Lahuerta y Joaquín Peinado, la influencia surrealista en el Julio González de los años cuarenta, la búsqueda de lo primitivo y las formas puras de Ángel Ferrant, enlazan con aquellas otras obras, ya informalistas, más gestual unas, matéricas las otras, de las que los dos dibujos que cierran la exposición, de Tàpies y Chillida, respectivamente, dan buen ejemplo.”

Una exposición, en fin, más para recorrer la historia de aquellos años convulsivos, que para disfrutar la belleza de ese magnífico arte que es el dibujo, base de toda la buena pintura.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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