Rizando el rizo

Por Javier Pardo de Santayana

(The girl. Acuarela de Alesandro Andreuccetti en aandreuccetti. altervista.org.)(*)

El más difícil todavía, el no va más, el colmo, la monda, la reoca, la rebandión… He aquí un ramillete de términos que fueron de uso común en nuestro idioma y cuya vigencia en boca de las últimas generaciones desconozco. Quizá fueron ya sustituidos por otras palabras de mayor actualidad o acabaron siendo reemplazados por algún anglicismo cazado a lazo en una canción de moda, porque los jóvenes de ahora se cansan enseguida de todo y desean la novedad más que ninguna otra cosa, o sea que son muy de usar y tirar.

Mas, aun desconociendo cuál pueda ser el sustantivo en boga para motejar aquellos hechos que por sí mismos son causa y motivo de un asombro fuera de toda medida – que ésta era la utilidad de los vocablos evocados al comienzo de este artículo – estoy seguro de que alguno se seguirá teniendo a mano, cuando menos para hacer uso de él en este nuestro retablo de las maravillas, pues les garantizo a ustedes que no tardarán en encontrar ocasión oportuna para ello.

Sin ir más lejos, vean ustedes la última, y díganme si no la cuadra aquello del más difícil todavía, el colmo, la monda, la reoca o la rebandión: la central de una de las organizaciones sindicales más potentes de nuestro país ha declarado una huelga… ¡contra sí misma!

Desde luego esto suena tan chusco que hasta provoca una explosión de hilaridad si no una abierta carcajada. Y sin embargo no deja de ser una auténtica prueba de coherencia de sus promotores, porque el sindicato en cuestión no hace sino lo único que sabe hacer a modo, esto es, echarse la pancarta al hombro y salir con sus pareados a protestar contra lo que sea; en este caso, contra los recortes, es decir, lo que hacen un día sí y otro también. La incoherencia no está, por tanto ahí. Y recortes hay, como hay también razón para aplicarlos, porque las cuentas no cuadran y si no hay dinero, habrá que recortar. Pero, claro, ahora a los que no les salen las cuentas es a los suyos, porque el dinero se les queda corto.

Bueno, quizá no debiera hablar de falta de dinero, porque esto es como mentar la cuerda en casa del ahorcado, pues la convocatoria de huelga se produce contra la decisión tomada por el secretario general del sindicato en Madrid, un sujeto que cobra 181.000 euros anuales como delegado sindical en una conocida entidad bancaria, es decir, en un puesto que no parece tener demasiado contenido si es que llegara a tener algo en realidad. O sea que aquí hay que matizar. El Jefe de los nuevos huelguistas está, en efecto, forrado: forrado y bien forrado, como suele decirse para dejar clara la cosa. Pero ahora quiere ahorrar en favor del sindicato, y la solución que ha encontrado es la misma de sus odiados empresarios de toda la vida, esto es, abrir un expediente de regulación de empleo a un 25 por ciento de los empleados de la sección sindical, para lo cual – por cierto – le ha venido como anillo al dedo la legislación contra la que ayer mismo despotricaba un día sí y otro también. Y lo hacía como nadie, a voz en cuello, como un verdadero proletario; con ese aire agresivamente reivindicativo de antiguo roquero de la lucha sindical. Lo malo es que el motivo del recorte, y el recorte mismo, coinciden exactamente con aquello que poco antes parecía provocar su indignación.

«¿Cómo es posible?» dirán ustedes. «Hace falta caradura» dirá alguno. «Esto es ya el colmo, la monda, la reoca, la rebandión» exclamo yo mismo. «Después de esto, ¿se atreverá a seguir saliendo ese señor a la palestra?

Y lo bueno es que sí, que seguirá saliendo a la palestra con su ropa de marca, su fular al cuello y su aire de iluminado, y se pondrá estupendo en su papel de líder ardoroso mientras los suyos, que le acusan nada menos que de gestión desastrosa, se le plantarán todos los jueves hasta el final de junio para soltarle los mismos pareados que él repetía y presentarle las mismas pancartas que él portaba. ¿No es emocionante todo esto?¿Cabe concebir algo más grandioso como modelo de sindicalismo social y reivindicativo?

Esto sí que es rizar el rizo. ¿Quién dijo aquello de «que inventen otros»? ¡Pero si hemos inventado la «autohuelga»! Esta sí que es una buena vacuna, y no la de la malaria del doctor Patarroyo.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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