El Reina Sofía renueva su colección permanente

Por José María Arévalo

(La verbena. 1927. Maruja Mallo Viveiro -1902 a 1995-, en la Colección Permanente del Museo Reina Sofía. 119 x 165)(*)

“Año de vértigo en el Reina Sofía”, titulábamos el domingo pasado, destacando que nuestro museo de arte contemporáneo lleva un año excepcional, con la muestra conmemorativa del 75 aniversario del ‘Guernica’ de Picasso, que incorporó nada menos que 400 grandes piezas –de las que el 70% no se había visto antes en España-, titulada “Encuentros con los años 30”, y ahora la gran exposición dedicada a Salvador Dalí, una de las muestras más importantes de la temporada y una de las más completas realizadas hasta el momento sobre el genio catalán, con doscientas obras suyas procedentes de algunos de los museos más importantes del mundo. Brillantes aportaciones del Museo Reina Sofía en momentos de vacas flacas. A las que hay que añadir la ampliación, el año pasado, de su colección permanente, cuya tercera parte se había inaugurado en Noviembre de 2011 con el período que va de 1962 a 1982, y completado la segunda el año pasado, con lo que puede considerarse casi concluida la representación de la llamada modernidad.

De la colección permanente quedé en comentarles hoy, y ya les avanzaba que se articulaba, hasta el año pasado, en torno a cuatro ámbitos, en función de los momentos clave de la historia del arte del siglo XX y XXI, tanto español como internacional; ahora, la Colección del Museo, con unas 20.000 obras, se contempla en tres espacios: en la planta 2 del edificio Sabatini, Colección 1, “La irrupción del siglo XX: utopías y conflictos (1900-1945)”; en la planta 4 del mismo, la Colección 2, “¿La guerra ha terminado? Arte en un mundo dividido (1945-1968)”; y en la planta 1, la Colección 3, “De la revuelta a la posmodernidad (1962-1982)”. Vamos a ver algo de ello –de la primera colección ya les dí cuenta puntual en “La `modernidad´ en el Reina Sofía”, el 10.09.10, así que trataremos ahora las otras dos-, pero me parece de interés contar primero algo de las vicisitudes y problemas que han rodeado este ambicioso proyecto, la colección permanente, el corazón del museo.

“La reforma del Reina Sofía, un pozo sin fondo”, titulaba Natividad Pulido un artículo de 19.04.11, con el siguiente llamativo ladillo: “Siete años después de abrir las salas creadas por Jean Nouvel, se tienen que remodelar; habrá que sumar unos 700.000 euros a los 92 millones del proyecto”. “Lo que mal empieza –escribía-, dicen, mal acaba. Difícil imaginar aquel 24 de noviembre de 1999 que el proyecto que acababa de ganar el concurso para la ampliación del Museo Reina Sofía, presentado por el arquitecto francés Jean Nouvel, resultaría tan polémico. Aquel día le ganó la partida a pesos pesados como Perrault, Calatrava, Ando o Chipperfield. Se dio luz verde al proyecto en mayo de 2001. El presupuesto inicial, 68,4 millones de euros. Lo más llamativo del proyecto de Nouvel era una cubierta volada de composite rojo que abrazaba los tres nuevos edificios”.

“Junio de 2004. La ampliación no había concluido, pero se inauguraban las primeras exposiciones temporales en las nuevas salas. Dalí y Lichtenstein fueron los primeros en sentar sus reales en los vírgenes espacios. Un año después, el nuevo museo seguía sin inaugurarse y las exposiciones en las salas de Nouvel se sucedían. Ahora le tocaba el turno a Juan Gris, con una completísima antológica. Y aquí comenzó el rosario de desgracias de la ampliación. El 2 de septiembre unas goteras cayeron en las salas de Nouvel mojando un cuadro de la Academia de Bellas Artes. Desde el museo se quitó hierro al asunto: se dijo que solo se había mojado el paspartú, que el agua no había tocado el lienzo… Fuentes cercanas al museo confesarían que la cosa fue mucho peor de lo que se contó.”

“26 de septiembre de 2005. Cuatro años después de que empezaran las obras, al fin llegó el día de su inauguración. El presupuesto había crecido hasta los 92 millones de euros. En 2006, la entonces directora del CARS, Ana Martínez de Aguilar, compareció ante la Comisión de Cultura del Congreso para dar explicaciones del «parte de incidencias» en el museo. Sobre la filtración de agua en la sala donde se exponían obras de Juan Gris, confirmó que durante hora y media estuvo abierta una manguera en la terraza que hay sobre una de las salas de Nouvel. Soltó 1.650 litros. La directora del CARS desveló entonces la existencia de ciertas deficiencias constructivas en el diseño y ejecución de la cubierta y en el sistema de evacuación de aguas. Hubo que revisar todas las cubiertas del edificio recién terminado y hacer una inspección integral del resto de las instalaciones. El Reina Sofía seguía sin ser impermeable.

“En diciembre de 2007- remataba Natividad Pulido más adelante- llegó a la dirección del museo Manuel Borja-Villel. Se encontró con un proyecto ya hecho y con unas salas de exposiciones que no gustaban a nadie: los artistas preferían exponer en la sala A1 de Sabatini que en las de Nouvel. Lo que en su origen se diseñó para exposiciones temporales pasó a dedicarse a colección permanente. Por los grandes ventanales de ambas salas (Nouvel 0 y 1) se colaba en abundancia la luz natural, poco adecuado para exhibir obras de arte.

Borja-Villel cegó las salas e instaló en ellas el arte entre los 60 y los 80, aunque no de forma definitiva. Apenas han pasado siete años – concluía, en abril de 2011, Natividad Pulido- desde la primera exposición, y solo seis de la inauguración oficial de la ampliación, y ya se están reformando. Albergarán el arte desde el 68 hasta el 89, con la caída del Muro.”

Y efectivamente, el 30 de noviembre de 2011, en unos 2.200 metros cuadrados, ocupando los dos espacios expositivos del edificio Nouvel, se abría el tercer tramo de la colección permanente, la que abarca el período que va de 1962 a 1982, bajo el título “De la revuelta a la posmodernidad (1962-1982)”, que acogía unas 300 obras, entre pinturas, dibujos, esculturas, instalaciones, vídeos, fotografías y material documental.

¿Por qué esas fechas para la división de la Colección cuando ni siquiera el término de la anterior, 1945-1968, coincide? 1962 fue el final de la Guerra de Argelia y la Crisis de los misiles en Cuba; la aparición de los primeros pasos del arte minimal y del Warhol de las Marilyn y Sopas Campbell en Estado Unidos. “1982 – explicaba entonces Borja-Villel- es una fecha menos emblemática en términos de acontecimiento, pero significativa de la década que inaugura. Ronald Reagan y Margaret Thatcher en el poder proponen una salida a la crisis del petróleo, que es también una crisis estructural de la sociedad del capitalismo industrial, en términos de privatización del espacio público, desmontaje del estado del bienestar y globalización de los flujos financieros, lo que da carta de naturaleza ideológica al neoliberalismo conservador. En España, 1982 significa el fin de la Transición con la instalación en el poder del primer gobierno socialista. La llegada del Guernica el año anterior y la puesta en marcha de la feria ARCO marcan el rol del arte dentro de la cultura oficial de la nueva democracia”.

Las salas dedicadas a este período acogen obras de autores como Bruce Nauman, Nancy Spero, Sol LeWitt, Dan Flavin, Muntadas, Hélio Oiticica, Luis Gordillo, Lygia Clark, Gerhard Richter, Pistoletto, Carl Andre, Hans Haacke, Eugènia Balcells, Eulalia Grau, Mario Merz, Marcel Broodthaers, Cindy Sherman, Donald Judd, Guillermo Pérez Villalta, Soledad Sevilla, Antoni Tàpies, Carlos Alcolea, Carlos León, Esther Ferrer, Robert Smitson, Concha Jerez, George Brecht, Alberto Corazón, Colita y Nacho Criado, entre otros.

Sobre este periodo de los 60 a los 80, que abordan las nuevas salas de la Colección, reseñaba Hoyesarte que “bajo el signo de la muerte del autor, el artista repudia la paternidad de la obra que produce, proclamando su apertura a lecturas y experiencias diversas. También se afirma su naturaleza procesual, colectiva, performativa y contingente. Sin embargo, paradójicamente, se retrasa indefinidamente la «muerte del arte» como lugar de reflexión y de enunciación, aunque también, como se verá en los 80, como fetiche, mercancía y espectáculo”. Esta época supone –sigue citando a Borja-Villel-, el «definitivo cambio de paradigma respecto a lo que se consideraba arte desde el Renacimiento. Ello no es solo por la superación de la tradicional delimitación del medio en pintura y escultura, sino por el gesto más radical que significa la renuncia del artista a ‘autorizar’ su obra, a clausurarla semántica y poéticamente, así como su disconformidad con el aislamiento que supone el estudio y la necesidad de salir a la calle, trabajar con otros o generar nuevos espacios y circunstancias para socializar y desde las que interpelar a los públicos. El espacio imaginario de la modernidad es sustituido por el espacio ‘real’ de los cuerpos, de los deseos, de las relaciones sociales y de la acción política».

El recorrido parte de la Batalla de Argel y de la Revolución Cubana, y se adentra en el campo en continua expansión de unas prácticas que ya no siguen una dirección única, sino que vienen enunciadas desde posiciones no solo marcadamentes diferentes, como el Tropicalismo, sino también directamente antagónicas, como es el caso del arte feminista. “En la segunda parte del recorrido, nos encontramos prácticas artísticas que se pliegan sobre sí mismas y sus lenguajes frente a otras que optan por protestar e intervenir frente a un contexto represivo como eran las dictaduras latinoamericanas y la española”.

En esta narración babélica se oyen las voces de movimientos y artistas españoles como Zaj, Nacho Criado, Luis Gordillo, o Grup de Treball, dentro del gran coro de la escena internacional, donde destaca la presencia de obras de la vanguardia latinoamericana, con autores como Hélio Oiticica, Juan Carlos Romero o el colectivo C.A.D.A. Es reseñable también el protagonismo de los trabajos de artistas mujeres, gran parte de ellos de nueva adquisición: Martha Rosler, Eugènia Balcells, Concha Jerez, Esther Ferrer y Liliana Porter, entre otras.

El 22 de mayo del año pasado, 2012, se ampliaba, en la cuarta planta, el espacio “¿La guerra ha terminado? Arte en un mundo dividido (1945-1968)”, en el que están incluidas las transformaciones artísticas producidas en la posguerra, mientras empieza a conformarse una geopolítica internacional tensionada entre dos mundos y sistemas antagónicos, Estados Unidos y la Unión Soviética. La sociedad de consumo cobra forma y una serie de cambios políticos avanzan el escenario polarizado entre el mundo individualista occidental y el colectivo soviético, dos polos enfrentados y complementarios a la vez. “El arte, pese a su apariencia de aislamiento, se inserta en este complejo entramado discursivo, donde la batalla por la hegemonía ideológica se libra en la primacía cultural”.

Como principal novedad, las salas dedicadas a los Realismos (Nouveau Realisme, Figuración Narrativa de corte expresionista y Realismo Existencialista) se han visto enriquecidas con importantes novedades de Francis Bacon, Philip Guston, Darío Villalba, Jean Tinguely, Yves Klein, Raymond Hains o Erro.

Además, la figuración política española tiene mayor representación ahora, tras la adquisición de la serie Spain is Different de Joan Rabascall y la instalación de otros trabajos representativos de este momento, como los de Eduardo Arroyo, Equipo Crónica o Juan Genovés. Destaca también el valioso depósito de siete obras de Claes Oldenburg, realizado por la Sonnabend Gallery, de Nueva York. Se incluía una nueva sala dedicada a la fotografía neorrealista española. Y este espacio se ponía en diálogo con la sala dedicada a Antonio López y Carmen Laffón

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, el mayor interés de esta muestra de arte contemporáneo es la narración de la evolución histórica del arte, con independencia de la belleza que solo en algunas obras podamos disfrutar, de forma que el plan de la colección permanente del Reina Sofia es verdaderamente una lección extraordinaria. Algo como lo que nos ocurre en la colección permanente del Thyssen –en el que además, la belleza predomina-, pero circunscrito al siglo pasado, el de la destrucción del arte. No es extraño que cada año sea mayor el público que visita el Reina Sofía. En el 2011 tuvo 2.705.529 visitantes, el 17% más que en 2010. Enhorabuena a los gestores, que difícil trabajo han tenido que realizar.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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