Rincones con fantasma. 17. Conventos y enterramientos en la Acera de Recoletos

Por José María Arévalo

( Reconstrucción del convento y hospital de san Juan de Dios con su aspecto en el siglo XVIII, según el dibujo de Ventura Pérez)(*)

Dentro del capítulo sobre “Zona de Santiago, Zorrilla y Campo Grande”, tras el amplio comentario que hemos dedicado a estos tres enclaves, continúa tratando Juan Carlos Urueña los conventos desaparecidos en lo que es hoy Acera de Recoletos –y alguno más, próximo-, en su libro “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, que estamos siguiendo y completando con otras informaciones tomadas de la red. Además se refiere en este punto al cementero judío que se encontró en el año 2002 en el paseo junto a la famosa Acera, y que nos da pié para recoger algo de la historia antigua de la comunidad judía en nuestra ciudad. “Al parecer son muchas las cosas enterradas en la zona”, dirá Urueña refiriéndose a varios hallazgos, incluidos restos romanos.

( Convento de san Juan de Dios, según el plano de Ventura Seco) (*)

Al efectuar Urueña la reconstrucción del convento y hospital de san Juan de Dios con el aspecto que tenía en el siglo XVIII, siguiendo el dibujo de Ventura Pérez que incluimos en la página siguiente, comenta que “Algo han ayudado el plano de Diego Pérez y algunas fotos. El dibujo de Ventura es tan lioso como siempre, sobre todo a la hora de identificar materiales y en la extraña disposición de las ventanas de convento e iglesia. Una vez más el autor ha buscado proporciones más lógicas, ha aventurado que fueran de ladrillo, pues practicar tantas ventanas de diferente estilo denotando que fueron hechas en diferentes actuaciones, no es fácil en un muro de piedra. El dibujo del edificio del hospital, más grande y suntuoso, no ofrece dudas, salvo en los remates sobre los balcones que algunos autores suponen frontones y yo me he inclinado a creer que fueran tejadillos”.

“En terrenos cercanos a la Academia –continúa Urueña en el texto- estuvo el convento de san Juan de Dios, antes Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, creado y atendido por la cofradía de su mismo nombre en 1591 (“Patrimonio perdido: conventos desaparecidos de Valladolid”, de M.ª Antonia Fernández del Hoyo.. Pág. 443.)

Casi a la vez llegaron a Valladolid los hermanos hospitalarios de san Juan de Dios, ocupándose de atender el Hospital de la Resurrección. A principios del siglo XVII pasaron a regentar también este de los Desamparados a causa de la muerte de don Luis de Mahudes, su administrador y benefactor. Este hombre fue mentado por Cervantes en el “Coloquio de los Perros”, donde Cipión y Berganza son llamados los “perros de Mahudes”. En 1615 se unificaron algunos pequeños hospitales con el de la Resurrección, pasando a ser administrado por un seglar, siendo los frailes relegados al de los Desamparados que comenzó entonces a conocerse como de san Juan de Dios. Los frailes abandonaron el convento a causa de la Desamortización y el edificio fue destinado a diferentes usos, sobreviviendo hasta 1929 en que se construyó la Academia de Caballería.

( Dibujo del convento de san Juan de Dios obra de Ventura Pérez.) (*)

La Academia se levanta muy cerca del solar del desaparecido convento, que estaba prácticamente en lo que hoy ocupan las casas militares situadas en su parte trasera. Don Hilarión Sánchez nos dejó noticia de que «…se ha descubierto en un hoyo enfrente del convento de San Juan de Dios, un sepulcro de ladrillo, cuyos huesos estaban tan apolillados que se deshacían al tocarlos, y se mandó tapar sin examinar el sitio. En el año de 1818, estando en el mismo sitio de San Juan de Dios armando la plaza de toros, en la parte de los toriles inmediata a dicho convento, a uno de los armadores que hacía un agujero para meter una viga con una vara de hierro, se le agarró ésta entre las piedras, y mucho trabajo costó a aquel sacarla a tirones.

Observaron que había un agujero profundo, y metieron por curiosidad una regla de albañilería de 8 a 10 pies de larga (sobre los dos metros y medio) mas no hallaron tierra; tampoco se examinó entonces, como debía haberse hecho…»


(Situación del convento de san Juan de Dios, según el plano de Ventura Seco) (*)

Al parecer son muchas las cosas enterradas en la zona. En la primavera de 2002 se levantó gran parte del paseo del Campo Grande correspondiente a la Acera de Recoletos, encontrándose con sorpresa un enorme cementerio judío. Canesi, al enumerar las casas principales de Valladolid, cita las posesiones de don Manuel Enríquez, alude a una casa «…en el Campo Grande, llamada comúnmente del Chapitel; lo más de ella se arruinó el año de 1732, se fabricaron en 1575 y de ella tomó posesión por derecho prendario, el de 1738, el convento de Carmelitas calzados; en lo antiguo fue el Almejí o entierro de los moros…»

Dudosa es la cuestión, pues el convento de los carmelitas estuvo al lado opuesto del Campo Grande, donde hoy se alza el edifico del antiguo Hospital Militar. Además dice que fue entierro “de moros”, aunque en el siguiente capítulo veremos que el cementerio musulmán estuvo en otra parte. La segunda noticia que pudiera aludir al cementerio judío que nos ocupa, la aporta Juan Ortega Rubio en su “Historia de Valladolid”, donde cita los muchos sepulcros descubiertos «…al hacer las hoyas para la formación de un laberinto en medio del Campo Grande a fines del siglo XVIII.»

( Antigua foto donde se puede ver el convento de san Juan de Dios tras la estatua de Zorrilla. El drástico cambio de la zona impide recrearlo en el espacio actual) (*)

Además, dice haberse hallado tumbas en diferentes épocas «…al practicar escavaciones en el espacio que actualmente ocupa el colegio de caballería.»

Este autor también cita otros hallazgos en la zona: sepulcros romanos en el Hospital General (hoy casa de Mantilla) al hacer obras en el siglo XVI, y la “habitación” hallada bajo el lienzo de muralla anexo al desaparecido Arco de Santiago que estaba del lado de la calle de María de Molina. Asimismo, nombra otros pequeños descubrimientos en la ciudad, como la urna funeraria romana hallada en los cimientos de la iglesia de san Esteban, y una arquita con monedas romanas enterrada en la calle de la Parra (hoy duque de Lerma)”.

( Situación del colegio de Niñas Huérfanas, con el Nº 17 y la iglesia de san Ildefonso, entonces del convento de Agustinas Recoletas. Detalle del plano de Diego Pérez, 1788) (*)

Y concluye Urueña: “La aportación gráfica de este trabajo (se refiere a la “Historia de Valladolid” de Juan Ortega Rubio, que ha mencionado antes) permite reconstruir algunos edificios del gran patrimonio conventual del entorno Campo Grande desgraciadamente perdido: el monasterio de san Juan de Dios (que acabamos de ver) y los conventos de la parte este y su prolongación, que fueron san Nicolás de Tolentino (de agustinos recoletos), Jesús y María (de monjas franciscanas), san José (de mercedarios descalzos), y el de los capuchinos de igual advocación”. Lo veremos en el próximo artículo, la semana que viene.

( Superposición del plano de Ventura Seco en un plano actual, que nos permite ubicar con bastante exactitud los conventos desaparecidos de la zona este del Campo Grande y su prolongación.) (*)

Ahora aprovechamos para traer la información que proporciona Vallisoletvm en el artículo “Los judíos de Valladolid”, de Agosto de 2010, en el que también toma pié del hallazgo del cementerio judio en el Paseo del Campo Grande, añadiendo algún detalle más a lo explicado por Urueña. “En el año 2002, durante la remodelación de la Acera de Recoletos y el Paseo Central del Campo Grande, fue descubierta una necrópolis judía que pertenecía a un gueto creado en 1411, cuando musulmanes y judíos fueron separados de los cristianos. Fueron hallados 26 esqueletos tanto de adultos como de niños, en disposición oeste-este, con los brazos extendidos junto al cuerpo y las palmas hacia arriba siguiendo la forma de un ritual judío. En el lugar donde descansan hay una placa firmada por Mosheh Ibn Ezra: Son tumbas de tiempos antiguos, en las que unos hombres duermen el sueño eterno. No hay en su interior ni odio ni envidia. Ni tampoco amor o enemistad de vecinos. Al verlas mi mente no es capaz de distinguir entre esclavos y señores. Dicho hallazgo nos incita a pensar que los judíos de los siglos XIII al XV pueden ser los cerca de 800 enterramientos que se calcularon.

Golda Meir, siendo primera ministra del gobierno de Israel, quiso comprar el monte próximo a la capital segoviana en donde aparecieron las tumbas de sus antepasados españoles.

( El cementerio judio. Trinchera excavada, con la Plaza de Zorrilla al fondo. Foto: Carlos Arranz, en el Diario de Valladolid del 16-05-2002) (*)

No fueron los Reyes Católicos quienes metieron en guetos a los judíos. La cosa vino de antes, en la minoría de edad del rey Juan II y por disposición de la regente doña Catalina de Lancáster. El ordenamiento sobre el encerramiento de los judíos y de los moros se firmó en Valladolid, posiblemente en el palacio cuyos restos se han encontrado en las inmediaciones de las ruinas del convento de San Agustín, el 2 de enero de 1412. La orden iba dirigida a todos los judíos “de mis reinos y señoríos” para que “sepan y vivan apartados de los cristianos en un lugar aparte de la ciudad, villa o lugar donde fueren vecinos, y que sean cercados de una cerca en derredor y tenga una puerta sola por donde se manden en tal círculo y que en el dicho círculo los que así fueren asignados, moren los tales judíos y judías, y moros y moras, y no en otro lugar ni casa fuera de él”.

Para hacer su aljama, los judíos de Valladolid pidieron al convento de San Pablo que les vendieran los terrenos del Campillo de San Nicolás que era de su propiedad, como así ocurrió. Los dominicos vendieron esos terrenos a los judíos, otorgándose escritura el 18 de agosto de 1413 ante el escribano Juan Alonso de la Rua, comprometiéndose los compradores a abonar el convento “en dos plazos y por los cuatro primeros años, treinta y cinco florines de oro del cuño de Aragón en cada uno de los dichos años, y cuarenta en cada uno de los sucesivos”.

De manejar dineros ya sabían los judíos y no les preocupaban los plazos ni las obligaciones contraídas, pese a que entre las prohibiciones que les impusieron había algunas verdaderamente vergonzosas: No podían ejercer la medicina, ni la cirugía, ni la farmacia, ni dedicarse al comercio con gentes de otra raza o religión, ni tener criados cristianos, ni llevar armas, ni optar a cargos públicos y se les prohibía la higiene más elemental: afeitarse y cortarse el pelo.

El barrio tenía su cerca, su pozo, su sinagoga, su horario impuesto y, por tanto, una vida apartada, relativamente, de la convivencia con los cristianos. La puerta por la que entraban y salían se cerraba al anochecer y la llave se entregaba al Corregidor o a un representante de su autoridad. Siempre se ha pensado que esta puerta estaba en el llamado postigo de San Nicolás, al final de la actual calle Imperial. El llamado Barrio Nuevo de los Judíos (lo de “nuevo” nos induce a pensar que antes, quizá en el siglo XIII, hubo otro no muy lejos de ese lugar y próximo al alcázar, hoy San Benito, no cercado) tenía en la plaza de los Ciegos su principal núcleo de convivencia y en la plaza de Carranza su complemento. Las calles Sinagoga (nombre que ha mantenido desde entonces), Lecheras, Pozo, Moral, Tahonas, Bodegones, Espejo, Luis Rojo, Isidro Polo, Paz y Mirabel constituían el resto de la aljama o judería.

La población hebraica tenía en Valladolid su propia carnicería junto al postigo de la sinagoga vieja en la “calle del ilustre rey que va al alcázar” y es posible que en su entorno se formara una barriada judía de personas de buena situación económica, no coincidente en el tiempo con la creación del llamado Barrio Nuevo. Es probable que allí viviera el famoso Yago Verrox, hombre muy rico y uno de los prestamistas que movía el dinero en la villa. Otro judío famoso fue Mosed Sem Tob de León, escritor y filósofo, admirado luego porque vino de Palestina. Otro que dejó honda huella entre los judíos y cristianos fue el converso Abner de Burgos, bautizado con el nombre de Alfonso de Valladolid en recuerdo de la ciudad donde abrazó el cristianismo a los 60 años. Fue médico y astrólogo y acabó de sacristán de la iglesia Mayor (Santa María la Mayor, cuyos restos se conservan detrás de la Catedral), teniendo por el primer templo cristiano del Valladolid de aquel siglo XV, pues Alfonso de Valladolid murió en 1346. Cualquiera puede pensar que alguno de los esqueletos hallados en el Campo Grande pueda ser el suyo. O el de algún español de Valladolid, nacido judío, que no vio más paisaje que el de nuestra ciudad y el de su aljama del Barrio Nuevo.

Así vivieron los judíos de Valladolid durante 78 años hasta que los Reyes Católicos en 1492 decretaran su expulsión de España, que ellos llamaban Sefarad, de ahí que a los judíos desperdigados por el mundo y procedentes de España se les conozca como sefarditas. Pero muchos se quedaron, pasando de judíos a marranos. Y no porque fueran unos guarros, sino porque marrano se denominaba al cristiano converso que judaizaba ocultamente”.

En el próximo artículo continuaremos el paseo por la Acera de Recoletos, buscando más edificios desaparecidos.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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