Por Carlos de Bustamante

(Jerusalén desde el sur. Acuarela de David Robert en “View the Holy Land”; odisea2008.com) (*)
José trabajaba duro en Egipto. Y los años, fatigas e incertidumbres pasaban factura. Por el contrario, después de siete años en las tierras del Nilo, Tarsicio-servidor de ustedes y esclavito, libre, de mi padre y señor-, crecía y se desarrollaba como la mala yerba…etíope. Jesús, aún con la diferencia de unos años conmigo, dejó atrás la primera infancia y, por días, se le acentuaba una estatura y complexión superior a muchos de su misma edad, casi como la mías Alto, fuerte y bien parecido. Junto a la sabiduría innata, era la admiración de propios y extraños. Sin ser en exceso llamativo, sí lo era su extrema bondad y comportamiento con cuantos trataba. Como Myriam era el orgullo de la raza israelita. Tuve allí la dicha enorme de ser el tutor y amigo íntimo de Jesús. Experiencia imborrable.
En una de mis muchas salidas del taller, para repartir los encargos de carpintería o forja, me enteré de lo que podía ser la noticia, notición, que cambiara el rumbo de nuestras vidas. Los míos y los de mi “familia”. Un rabino me dijo que en Judea, el rey Herodes, el tristemente “Grande” y asesino de niños, agonizaba. Corrí de vuelta a casa “antes de conantes”. Para mi asombro, la noticia no causó ninguna sorpresa. Me lo aclaró Virutas. Viejecito ya el pobre dormitaba día y noche entre las idem del taller.
-Como en Nzareth -me dijo-, vi el mismo resplandor que venía de donde habitan ángeles. Uno muy bello -aunque no tanto como Gabriel, ¡que todavía hay clases!, añadió-, le sopló al oído de José lo que aunque ya “como una tapia” entendí perfectamente:
-“Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel”. Virutas, volvió a arroparse entre ellas. Dormido.
Después de comunicarme esto, José entendió “divinamente” que el mandato del Ángel era debido a la noticia que yo traje. No hubo, pues, sorpresa. Como era sabio, justo y prudente, se informó de que como gobernaba Arquelao, tuvo miedo de volver a su territorio (Judea), “y dispuso encaminarse a Galilea, territorio de Herodes Antipas”.
Todos, menos Virutas: se quedó dormido entre ellas en el sueño de para siempre. Vi luego, consternado, como se lo zampó un gato. El malvado gato egipcio “Zapirón”.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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