Por Carlos de Bustamante

(Un deseo. Acuarela de Lola Catalá en lolacatala.com) (*)
¿Pero a qué viene tanta monserga?, se preguntará más de uno. Incluyendo, claro, los dos géneros. Concluido, sin estarlo, el tema de la conducta, estamos, digo, con la urbanidad. Culpable de la monserga. ¿Calificaron ya la conducta en nuestros días? Espero que con mejor “nota” la asignatura que ahora corresponde.
Si es que casi, dirán otros, preferíamos los apócrifos anteriores. Una vez más les pido paciencia. He de procurar el poner el dedo en la llaga. Aunque escueza. Comedimiento y buenos modales. Pues mis amigos, resulta que el que hoy es comedido en su forma de ser y actuar, muchos le tildan de “niño-o mayor- pijo”. Quien lo dice, ya demuestra así, que ni es comedido en palabras y peor aún en buenos modales. Conviene distinguir, lo que tampoco es tan difícil. Una cosa es ser amanerado en las palabras y gestos y otra muy distinta los buenos modales ¿Acaso precisa la hombría de palabras que son palabros? Pues escuchen, por fa, cuanto se oye en la calle. Niñas monas- ¿por qué con frecuencia más ellas que ellos?- echando sapos y culebras como los antiguos carreteros. ¿Renegarán de su condición femenina con similares derechos y deberes, pero diferenciada de los hombres? Y ¿será, acaso, el hombre más hombre cuanto más grosero hable? Volvemos a lo ya dicho: primera y principal escuela: la familia. En “comandita” con la escuela o colegio. ¿Cómo enseñar si en la intimidad del hogar se oyen desde la primera infancia groserías? Y Si esto no fuera así, ¿cómo contrarrestar lo que en la escuela o cole es permisivo y usual?
¿Qué no tiene importancia…? Bueno, lo del árbol que nace torcido. Pues eso. Principio tienen las cosas. Lo que comienza con “cuatro tacos” malsonantes pero sin excesiva trascendencia (no lo digo convencido) acaba en irreverencias o blasfemias. O una vez puestos a usar la maleducada terminología, no tardan en recibirla padres, madres, maestros y autoridades legítimamente constituidas. O sea, mal; sin paliativos.
¿Dónde queda la preciosa feminidad que parece un horroroso defecto o signo de debilidad del sexo? Con tales ideas y a lo Luis XV, “después de mí, el diluvio”. Me entienden.
Como surgió otro nuevo matiz -la educación- continuará.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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