Notas de Maputo: Carta a un joven que se aburre

Por Javier Pardo de Santayana

( Mercado africano. Acuarela de José Luis Fiol Albero, en fiolvalero.com) (*)

Me dices que no sabes cuál es la capital de Mozambique, y créeme que lo siento aunque digas que no te importa un bledo. Porque cada nombre representa algo, y Maputo representa mucho. Maputo representa, por ejemplo, una bahía y un estuario refugio de navegantes sobre la ruta de los portugueses a la India: una especie de enorme y bellísima laguna bajo el sol del océano Índico; muchas imágenes posibles que a poco que nos hayamos interesado por la Historia, o sea, por las cosas que pasan a los hombres, evocarán unas velas henchidas como cumpliendo una promesa y doblando el cabo de las Tormentas o de Buena Esperanza, ese lugar tan sugerente. O la singladura de Francisco Javier , aquel joven navarro ilusionado estudiante en las aulas parisinas y ahora camino de la India y de los misteriosos países del Lejano Oriente en su papel de misionero. Sí; efectivamente, al oír el nombre de Maputo, tú mismo podrás imaginar escenas de película; aventuras repletas de emoción y de belleza.

Maputo sería también para ti Lourenço Marques – que hasta no ha mucho fue su nombre oficial – e imaginar escenas de un bullidor mercado de telas, de papayas y mangos, de especias codiciadas, y una abigarrada multitud de europeos y de hombres y mujeres de raza bantú comerciando en muy diversas lenguas africanas. Y el barco de Inhaca, anclado allí para socorrer a las naos y na-vegantes heridos por los tifones o por las traidoras corrientes de las costas australes.Sabrás que en algunos de sus arrecifes proliferan peces que, al subir la marea, trepan por los árboles de los manglares interiores, y que las playas relucen de estrellas de mar de todos los colores. Luego, en las costas orientadas hacia el gran océano, verás como desovan las tortugas y finalmente dan el espectáculo de una arriesgada marcha de las crías hacia las aguas bajo una escuadrilla de aves depredadoras que se lanzan en picado sobre sus cabezas.

Te decía que decir Maputo, capital y provincia, es decir reserva de elefantes, pues estos andan cerca, como anda cerca también la gran sabana en la que habitan en libertad las grandes fieras. No; no estarán lejos ni el león ni el búfalo, ni el hipopótamo ni el cocodrilo, ni el hipopótamo ni el rinoceronte, como tampoco la mamba negra o la terrible cobra. Aquí es habitual hablar también de algunos de los grandes ríos del mundo: del Limpopo y del Zambeze, por ejemplo. Y de algunas importantes cataratas. Incluso de algún país casi desconocido para los españoles, como Swazi-landia, que, estando a solo ochenta kilómetros de aquí, nos sorprende con un rey educado en Gran Bretaña pero que se enfrentó a otro rey – el de la selva – el día mismo de su coronación. Un reino donde las jóvenes en edad de merecer desfilan ante el monarca en espera de ser elegidas por éste para compartir el trono del país.

Sí; en efecto, no estarían lejos de ti determinadas cosas que quizás hayas visto en las pantallas de los cines o de la televisión, pero que aquí son totalmente auténticas. Incluso podrías imaginar escenas más recientes de luchas fratricidas y de nuevas banderas tremolando al viento de la li-bertad.

O sea que, como verás, aquí nadie se aburre, porque la vida siempre tiene un algo de incertidum-bre y otro algo de peligro como en las películas, o, más bien, como la vida misma cuando no está viciada por su versión mediática. Claro que si supieras cuál es la capital de Mozambique también caerías en la cuenta de que hay mucho por hacer para paliar la enfermedad y el hambre, y de que muchas de esas cosas que displicentemente desechamos podrían hacer a otras personas más felices. Te darías efectivamente cuenta del escándalo de tu egoísmo y de muchas de tus quejas y exigencias. De que hay muchas cosas de las que puedes prescindir perfectamente y de que a veces quejarse es un pecado.

Por tanto, amigo mío, ahora que vas a coger el autobús o el metro; ahora que crees vivir una vida sin sentido; ahora que quizás estés pensando en recurrir a la zafiedad del botellón, di simplemente esta palabra mágica: “Maputo” – no te importe si alguien se te ríe en la cara con impostada suficiencia – y vive en tu imaginación las aventuras que aquí y en otras muchas partes de la Tierra puedes vivir sencillamente leyendo algunos libros o imaginando detrás de cada nombre otros muchos mundos diferentes.

Te lo digo porque puedes dar por seguro que cualquier cosa que imagines también existe en algún otro lugar de la realidad.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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