Estupidez y desmesura

Por Javier Pardo de Santayana

( Chicas. Dibujo de Christian Couteau en Facebook ) (*)

¡Caramba con lo políticamente correcto! ¡Como se ha puesto el patio por unos comentarios jocosos o simpaticones de un alcalde andaluz! Desde luego aquí hay que andarse con pies de plomo en todo lo tocante al sexo fuerte, o sea al femenino, pues te crujirán si te descuidas.

La gracia del alcalde consistía en algo tan sencillo y natural como contrastar la moda femenina, que para ir de “tiros largos” y acudir a actos sociales tiende a acentuar escotes y echar mano incluso de “transparencias”, y la tendencia impuesta a los caballeros en esas mismas circunstancias, que les obliga a encorbatarse y enfundarse la incómoda chaqueta. Esto dicho en Granada cuando se baten récords de alta temperatura en toda España y el calor es el omnipresente tema de conversación.

Claro que venimos de celebrar un día del orgullo Gay en el que los maromos salen en ligueros y los sexos andan un tanto descabalados y confusos. Pero esa exhibición de mal gusto con la que la nueva alcaldesa madrileña pretende oscurecer los fastos populares en honor de San Isidro Labrador es una excepción en materia de costumbres. Además, todo en la kermesse es excesivo: basta con ver las estadísticas que se refieren a la basura acumulada en el desfile. Aunque aquí nadie se atreva a protestar; ni siquiera los sufridos funcionarios que tuvieron que retirar la mugre para adecentar la capital de España.

El hecho es que hace usted un comentario en el tono típico del hombre que habla de la mujer – habitualmente replicado por la mujer que habla del hombre o viceversa – y se le echan encima todos los rayos y centellas de la naturaleza. Nadie diría hoy, a la vista de la sensibilidad reinante, que la confrontación hombre-mujer siempre fue recurso normal en el juego del flirteo y hasta en la relación social entre ambos sexos. Por ejemplo, estoy harto de ver cómo en las reuniones de amigos las mujeres traen a colación entre bromas y veras la supuesta torpeza de sus maridos respectivos, incapaces – se dice con frecuencia – de hacer dos cosas a la vez. O cómo los hombres nos recuerdan la incapacidad de la mujer para orientarse con los mapas, que hasta se han escrito libros sobre eso.

Creo que, en favor de la verdad, debe reconocerse que en esta fraternal lid los hombres hemos de soportar las más frecuentes críticas. Quiero decir que probablemente al hombre se le caricaturice más que a la mujer; que él siempre tendrá que oír sin chistar bromas de toda clase. Por ejemplo, que si no tiene ni idea de los precios, que si es torpe en las labores de la casa, que si no se entera de lo que pasa alrededor… Pellizcos por el estilo que ustedes habrán sufrido muchas veces. ¡Pero ay de los pobres hombres si se les ocurriera decir de “ellas” algo parecido!

Diré que a nada de eso concedo yo importancia. El problema es que ahora todo lo que se refiera a los dos sexos está tocado por la hipersensibilidad sembrada por la “corrección política”: poco importa lo que se diga; basta con que “suene” a algo que se supone improcedente según esta curiosa norma. Y, sin embargo, ahí tenemos el éxito de las clásicas coplas “de picadillo” de Carmen Morell y Pepe Blanco o del duo “Pimpinella” escenificando musicalmente el enfrentamiento entre “ella” y “él”: las chispas que saltan en el encuentro entre el hombre y la mujer y que es uno de los ingredientes y expresiones del amor precisamente porque nace de una diferencia natural que está en el corazón mismo de la atracción que mutuamente experimentan.

Luego está el tema de la moda, en el que, según lo políticamente correcto, tampoco habría diferencias entre unos y otros; al menos, eso parece ante la airada reacción suscitada por el intrascendente comentario del alcalde. Pero la realidad demuestra lo contrario: basta con ver la prioridad casi absoluta de la mujer en las revistas, fotografías, reportajes, pasarelas y tiendas especializadas. Ciego hay que estar para no verlo.

MI duda ahora es si ese juego eterno de los sexos se mantiene en las parejas formadas, por ejemplo, por dos señores o “maridos” a los que supongo semejantes en bastantes más aspectos que en los matrimonios clásicos. Reconozco que, acostumbrado a lo de siempre, o sea, a lo que nos viene desde el comienzo de los siglos, desconozco las sutilezas de estos amores que antes llamaban oscuros los poetas y que ahora se equiparan oficialmente a aquellos otros. Quiero decir que todo esto es un lío desde que entró la zapaterina “teoría de género” según la cual no se tiene un sexo determinado sino que éste se elige a voluntad del cliente (!).

Para acabar con todo esta garambaina les diré, simplemente, que a mí este “trending topic” del alcalde me parece un montaje de besugos como para sonrojarse del siglo y del lugar en que vivimos. Con lo que estamos viendo hoy mismo de sinrazón y “despendole» en lo que se refiere a las costumbres, las buenas maneras y la lógica – con el espectáculo que nos está dando nuestra fauna política – ponerse tan estupendo y tan sensible porque un alcalde haga con cierto desenfado un comentario sobre la desfavorable situación del sexo masculino a la hora de elegir indumentaria un día de calor insoportable me parece tan estúpido como surrealista.

O sea, que lo que me fastidia de verdad es que el alcalde haya acabado por dar explicaciones.

PS: Quede claro que este artículo surge de la observación de la realidad que me circunda y no de mi experiencia conyugal.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm1.staticflickr.com/412/19864923355_16dae417ba_b.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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